1.Nació la pintura y los cosméticos en la mujer
REZO: OTRUPON YEKUN OYEKUN BATUTO BABA ASHERI BAGUA OBORI OBINI NI OBINI KE YERE KE NI LEKUN NI OSUN OKUNI AGUAMIRE OBINI OLELE YEYENI AWO BEYEKUN O BOGUANIRE AWO OBANI IRA ILE BORI BOBARA OBINI AWO AGBORAN MOKEKERE OÑI OSUN FATETI AWO IFA OTRUPON YEKUN OBINI LOYE OYEKUN BATUTO. IFA KAFEREFUN OYA, SHANGO, OSAIN, ELEGBA.
EbóOsiadié fifecho, adié okán fun fun, adié okán jabada, polvos de todas clases, pintura de todas clases, ekú, eyá, epó, bogbo asho, erán malú, maraquita boboliqui, opolópo owó, iguí ewé amansaguapo, paramí, yamao, cambia voz, ewé oriye, vergonzoza, dormidera, osun, espejo.
En este camino se pone a comer a Ifá junto con OYA para atraer a la Obiní: ese es el gran secreto del signo.
En la tierra BORIBALARA vivía un Awó llamado Awó Beyekun, hijo de SHANGO, que convivía con una mujer muy bonita de nombre Gueyere. Ella rezaba muy bonito y componía súyeres muy bonitos, y Awó Beyekun estaba locamente enamorado de ella, hasta el punto de que no le gustaba que se parara frente al espejo.
Otro Awó, llamado Omó Logun, tenía un hijo que había hecho Ifá y se llamaba Awó Asherí Bawá. Este, a su vez, tenía una hija que había procreado con OYA, a la que nadie miraba porque no llamaba la atención. Awó Asherí Bawá vivía preocupado, porque su hija se quejaba siempre de que no tenía suerte en el amor.
Un día, Awó Asherí Bawá llevó a su hija a casa de su padre Omó Logun para que le hiciera algo. Omó Logun le respondió que había que llevarla al pie de OSAIN, y le entregó iguí y ewé para que llegara hasta donde estaba OSAIN, le explicara el caso y fuera cantando por el camino con los palos, para que OSAIN lo oyera:
AGOGO NI LEGUN AGOGO NI LE
OSAIN NI GUAGUA AGOGO NI LEKUN AGOGO NI LE
OSAIN, al escuchar aquello, preguntó quién venía a buscarlo llamándolo de ese modo. Tenía un espejo en la mano y en él vio la sombra de la mujer, y dijo: Tengo que desfigurarla, es fea, no tiene suerte, tengo que ponerla bonita, pero me falta algo; cuando SHANGO vino a verme le dije que no me hacía falta y se lo llevó a ORUNLA, deja ver qué puedo hacer.
Cuando llegaron Awó Asherí Bawá y su hija Obiní Gueyere, OSAIN los recibió muy contento a los dos. Ellos le explicaron a qué venían, pero OSAIN les dijo que había que ir al pie de Ifá, para que ORUNLA determinara y le entregara una cosa que a él le hacía mucha falta para hacer el Inshé. Awó Asherí Bawá se puso contento. OSAIN le indicó que a su hija tenía que llevarla su madre OYA, porque cuando Ifá le fuera a hacer la ceremonia OYA debía comer con ORUNLA; y que, camino de casa de ORUNMILA, fueran cantando:
EBO, EBO NIDIRA EBO GUYEGUAYE
EBO, EBO TOVISELES EBO GUYEGUAYE
Iban por el camino llevándolo todo menos la pintura, cargado en una jaba. Ifá, que los oyó, preguntó qué venía a buscar esa gente. Awó Asherí Bawá le contestó que venía a Ifá, para que mirara a su hija. ORUNLA la miró y le salió OTRUPON YEKUN, y le dijo: Me alegro de que hayas venido junto con OYA, porque hay que darle de comer junto con ORUNMILA, junto al gran secreto, y entregarte lo que le falta: la pintura, el lápiz de ceja y el creyón de labios.
Awó Asherí Bawá hizo la ceremonia junto con Ifá a ORUNMILA y a OYA, y al gran secreto de OYA; y se le dijo que, para acabar de dominar la situación de su hija, Obiní Gueyere tenía que ir al pie de OSAIN.
Cuando llegaron al pie de OSAIN, este cogió un eyá tuto, se lo pasó por la cara, le dio la sangre al inshé, le sacó los ojos y se los metió dentro junto con un poquito de escamas; después la bañó con granada, botón de oro, orosun, siempreviva, paraíso, hojas de paramí, oñí, zumo de eleguedé y un eñí addié.
Mientras la bañaba, OSAIN llamó a OYA para que le lavara la cara y empezó a pintarla con los ojos cerrados. Al terminar le puso un espejo delante y ella se vio muy bonita. OYA y Awó Asherí Bawá vieron a la muchacha tan linda que se pusieron muy contentos, y su hija también. OSAIN le dijo: Tienes que pasearte por el pueblo.
Ella se fue para su tierra y, cuando todo el mundo la vio, quedó encantado: era el atractivo de todos. En eso venía Awó Beyekun y, al ver a aquella mujer tan linda, se enamoró de ella y ella de él. Ella le dijo: Yo te acepto, pero tú tienes que ir a mi casa para yo hablar con mi secreto. Él lo pensó, pero se enamoró tanto que le respondió: Mañana voy allá.
Ella preparó su Inshé y le dio unyén osadié. Cuando Awó Beyekun llegó y la vio, se sorprendió y se enamoró todavía más. Entonces ella le dijo: Yo sé que tú tienes tu Obiní, pero si quieres algo conmigo tienes que venir para acá, que yo lo abandono todo y me iré del lado de mi padre y de mi familia para donde tú quieras.
Awó Beyekun le pidió tiempo. Pero ella, ya enamorada, le insistió: Búscame algo, otro lugar para irnos nosotros, para otra tierra. Él le contestó que le era imposible, pero que en aquella misma tierra, cerca de allí, había una casa muy bonita. Salió con ella, se la enseñó, y de ahí OFIKALE TRUPON. Ella era viciosa y él, cuando sintió esas cosas, llegó a enamorarse de ella y ya tenía abandonada su casa.
Un día se sentó a la entrada de una manigua y sintió una voz que le decía: Sacúdete, dale un gallo a SHANGO y mírate con Ifá. No hizo caso, siguió siendo esclavo de aquella situación y cada vez que iba a su casa le encontraba un defecto a su Obiní.
La Obiní oficial de Awó Beyekun se dio cuenta de las cosas y dijo: Voy donde Ifá, a ver qué me dice. Cuando llegó donde Ifá le salió OYEKUN BATUTO, y entonces Ifá le explicó lo que tenía que hacer.
EbóPara hacer EBO: cochinilla, guía de boniato, calabaza, flor de cacao y un pollo.
ORUNLA le hizo ebó y le dijo que se untara eso en la cara y en el Obo. Entonces Awó Beyekun hizo OFIKALE TRUPON con ella y se quedó con su señora oficial.
2.SHANGO y ORISHAOKO, patrones de la siembra y el comercio del maní
REZO: OTRUPON YEKUN OTROKUN YEKUN YEKU YEKU IDI AKOKO ORDIE OSHA KOTOLOSILE ORUBO EYELE ABANEFAN EKU EJA EPO EÑA EÑA KINA ADIFAFUN KOLE TIALO IBOMEKANABO LEBO KOBU KOLORI GUE ADIFAFUN OLUO BIYI EYELE LEBO AKUKO. AKUKO ADIE FA SHAOKO TOBOSILE AKUKO EYELE AIBONSHA CASCARA DE MANI KAFEREFUN SHANGO, OBATALA Y OGUN.
En este camino, la gente de la tierra Imale vivía del comercio del maní, pues eso era lo que allí cosechaban y les alcanzaba para vivir. Pero llegó un tiempo en que todos estaban muy mal y ya no se ocupaban de ORISHAOKO ni de SHANGO, que eran los patrones de ese comercio y a quienes antes adoraban. Por eso SHANGO y ORISHAOKO se juntaron para castigar a aquellas gentes que tan mal se portaban.
Cuando el maní crecía, caían truenos sobre la tabla de maní y se quemaban todas las siembras. Otras veces las cosechas no crecían o no se podía recoger lo suficiente, y así la gente cada día estaba en peores condiciones: algunos se enfermaron y otros llegaron a morir.
Viéndose en tal estado, decidieron ir a casa de ORUNMILA. Cuando ORUNMILA les hizo Osode, les vio este Ifá y les marcó ebó, limpieza y rogarle a ORISHAOKO y a SHANGO, dándoles de comer para que pudieran agarrarse de SHANGO sobre todo.
Así lo hicieron los agricultores, por ellos y por sus familias, y les dieron comida y frutas a SHANGO y a ORISHAOKO. Fueron perdonados y las cosechas de aquel año resultaron mayores que las de los años anteriores, de modo que toda la gente pudo salir del aprieto tan grande en que estaba.
EbóAkukó, eyelé meni fun fun, ilá, amalá, eguedé manzano, un arado, cáscara de maní, demás ingredientes, opolópo owó.
4.Los tres deseos del Osainista y el Rey
MAFEREFUN ODDUA, ORULA y ADIFAFUN OSAIN.
Una vez, el Rey de una rica comarca fue a casa de ORULA para saber algo sobre la vida de su hijo. ORULA le hizo Osode, le vio este odu de Ifá y le mandó que trajera al muchacho para hacerle ebó, porque de no hacerlo el Rey pasaría por grandes dificultades y su hijo también. El Rey le respondió que qué dificultades podía tener él, siendo tan poderoso, y se marchó acto seguido de casa de ORULA.
Un día el hijo del Rey salió del castillo y se puso a caminar por la ciudad. En el patio de una casa vio una hermosa mata de cerezo llena de frutas y, al fondo de ese patio, a un señor en sus quehaceres. El niño entró sin pedir permiso y subió a la mata para coger las frutas. Cuando quiso bajar, no pudo; y cuando quiso hablar, tampoco pudo. Así pasó un gran rato, hasta que el Rey notó su ausencia y mandó a uno de sus vasallos a buscarlo.
El criado pasó por aquel patio, vio al niño encaramado en la mata y entró también sin pedir permiso. Al llegar debajo del árbol se quedó igualmente paralizado. En esas condiciones transcurrió largo tiempo, lo que aumentó la preocupación del Rey, que decidió salir a buscarlo personalmente.
Al pasar cerca del patio, el Rey vio a su hijo en la mata y a su criado bajo el árbol, y se dirigió intrigado hacia allá, pidiéndole permiso para pasar al señor que estaba al fondo. Cuando entró, notó una silla y se sentó en ella; llamó a su criado y este le respondió que no podía moverse, ni él ni el hijo del Rey, por razones desconocidas. Por eso el Rey llamó al señor del patio, que vino hacia él y le preguntó qué deseaba.
El Rey le manifestó que lo que solicitaba era que su hijo bajara de la mata. El señor le contestó que el muchacho había entrado al patio y subido a la mata sin permiso, y que por lo tanto, para bajar e irse a su casa, tenía que pagar derechos: cederle parte de las tierras en propiedad del Rey. El Rey accedió y, acto seguido, aquel señor pronunció unas palabras mágicas y le devolvió el habla y los movimientos al niño, que bajó de la mata y corrió hacia su padre.
Después de esto, el Rey le preguntó por qué su criado seguía sin poder caminar. El señor le contestó que por el criado no se había pagado ningún derecho. El Rey preguntó entonces cuál era ese derecho y el señor respondió: Más tierras. El Rey accedió también, el señor repitió las mismas palabras mágicas y el criado recuperó de inmediato sus movimientos y se dirigió hacia el Rey y su hijo.
Al ver a su hijo y a su criado a su lado, el Rey le dio las gracias al señor y se dispuso a marcharse con ellos. Pero cuál no sería la sorpresa del monarca al querer levantarse y no poder. Se dirigió de nuevo al señor preguntándole los motivos por los cuales se veía imposibilitado de levantarse, y este le contestó: Ud. me ha pedido permiso para entrar al patio, pero no para sentarse en la silla, por lo cual tiene que pagar un derecho también. El Rey le preguntó cuál era, y el señor del patio le respondió que, para levantarse de la silla, tenía que darle su corona.
El Rey se vio obligado a entregarla, perdiendo así sus tierras y su corona por no oír los consejos de ORULA, cayendo en manos de un gran Osainista por culpa de su hijo y haciendo rico al dueño del patio, que era un Osainista residente de aquel pueblo.