El signo por dentro
Descripción del odu Iroso Iwori
Iroso Iwori ocupa el lugar 79 dentro del orden señorial de Ifá. Es un signo donde falta la paz, la tranquilidad y un desenvolvimiento genuino: las dificultades y los cambios forman parte del crecimiento y de la sabiduría de la persona, que debe plantearse sus objetivos y deseos a largo plazo, aunque la gratificación llegue en poco tiempo.
Este Ifá le prohíbe a la persona dejarse picar por los mosquitos, porque puede enfermarse de malaria o de otras dolencias. Es un signo de malagradecidos: quien lo tiene habla mal de quien lo ayuda o le da la comida, y suele andar con la cabeza llena de ideas vanas, cosas imposibles de realizar.
El odu señala una carga pesada que la persona ya no soporta y advierte muerte en travesía marina; de hecho, en cualquier recorrido por mar, río, laguna o presa existe el riesgo de ahogarse. No se comen frijoles negros. Es un Ifá de inestabilidad: la persona se acuesta de una forma y despierta de otra; puede acostarse pobre y levantarse rica, o acostarse con salud y amanecer enferma, y a la inversa.
Aquí la persona es amiga de tomar lo que no es suyo y vive con un pie en la casa y el otro en el cementerio. Hay familiares con padecimientos nerviosos o de locura, y una deuda con Azojuano (San Lázaro) que debe pagarse. Para el hombre: tres personas lo persiguen por causa de una mujer, tiene dos mujeres que lo celan mucho y tres hijos, uno de ellos mulato. También habla este odu de persecución de mujeres.
En la salud se padece del estómago y hay que cuidarse la sangre. Se sufren problemas en la cabeza, como falta de memoria, isquemia cerebral a consecuencia de estenosis, trombosis o embolias, y lesiones hemorrágicas. La persona vive reprimida donde reside y desea marcharse de allí; para lograrlo tiene que hacer Ebó.
Para la mujer: debe ponerse tratamiento para poder tener hijos, y el marido tiene que llevarla al pie de Orúnmila para que le marquen Ebó y no se muera, pues sería una pérdida irreparable para él. También se advierte que a la mujer la pueden vaciar por una enfermedad del útero o porque se lo perforaron en un aborto.
Habla igualmente de herencias allende el mar. Agayú come junto con Oduduwa, y por eso todos los hijos de Agayú deben recibir a Oduduwa.
Quien tenga este odu deberá poner orden en su casa: el matrimonio no se respeta, la casa está revuelta y eso daña la estabilidad emocional de los hijos. Cuando la pareja se separa, uno anda buscando al otro y ambos quieren pelear con todas las personas con las que conviven. Es un Ifá duro: no se puede ayudar a nadie, porque después no lo agradecerán. Este Ifá representa a la güira.
Las historias del signo
Patakíes del odu Iroso Iwori
1.La adivinación que hizo antes de bajar a la Tierra
Estando todavía en el Cielo, se le aconsejó ofrecerle sacrificio a una divinidad que obraba bajo la cubierta de una bruja (Oro), con un gallo, nueces de kolá y vino de palma, y servir a Eshu con un chivo. Él cumplió con los sacrificios, y entonces los hermanos gemelos Irosun e Iwori decidieron bajar juntos al mundo.
Ya en la Tierra, Irosun se confabuló con dieciséis brujas de la noche para eliminar a Iwori. Una noche, mientras dormía, Iwori soñó con una cámara de ejecución y, sin entender el significado del sueño, fue a mirarse. Ifá le advirtió que estaban a punto de engañarlo, pero que todo quedaría reducido a nada si le daba un chivo a Eshu y servía a su Ifá con una gallina y pescado seco envuelto. Así lo hizo, y de las dieciséis brujas comprometidas en la conspiración murieron dos, quedando catorce.
Más adelante los Awoses le revelaron que era su propio hermano menor quien había tramado el complot. Iwori poseía un Osanyin (Osun-Oghirare en Benin) capaz de mostrarle lo que ocurría en las reuniones de las brujas. Después de darle un gallo y ñame en polvo sin aceite mezclado con hojas de jengibre (Ighere en yoruba y Oziza en Benin), pudo trasladarse a la reunión de aquella noche y ver con sus propios ojos los artificios de los catorce conspiradores. Las brujas sintieron la presencia de un intruso y lo buscaron; Iwori fue capturado y acusado de espiar, pero logró desaparecer antes de que pudieran hacerle daño.
Al despertar por la mañana consultó a Ifá, quien le aconsejó invitar a los sacerdotes de Ifá para que le prepararan las hojas y él pudiera bañarse con ellas. Después de aquel baño, los conspiradores, sabiendo que él conocía sus planes, abandonaron el lugar y lo dejaron tranquilo.
Cuando este Ifá aparece en la adivinación, a la persona se le aconseja hacer sacrificio a Ifá con una gallina y pescado envuelto, y a Eshu con un chivo, para contrarrestar las malignas maquinaciones de su hermano menor en su contra. Se le dirá que su hermano menor es un brujo.
2.Adivinó para el pueblo de Iwoye
KPOMUSHEGHE, AWO WON LO`DE IWOYE. ODIFAFUN WON L`ODE.
IWOYE NI BI TI WON T`IN FI OMI OJU SHY BERE GBOGBO URE.
«Él adivinó para la gente de Iwoye cuando deseaban ardientemente la prosperidad general».
La gente de Iwoye llevaba mucho tiempo padeciendo necesidades y privaciones, y decidió invitar a Kpomusheghe para que les adivinara. Él les aconsejó hacer sacrificio con 10 palomas, 10 ratas, 10 pescados, 10 gallinas, 10 gallos, 10 cauries, 10 yardas de tela y una chiva.
Después de hacer el sacrificio, todos los atributos de la prosperidad que habían abandonado el pueblo comenzaron a regresar. Con el retorno de la abundancia, el pueblo vivió un ambiente de regocijo y empezó a cantar en alabanza de Kpomusheghe con estas palabras:
KPOMUSHEGHE, OWO IWOYE GBOGBO URE, AJE, OYUN
KPELU OMO TIDE IWOYE, KPOMUSHEGHE AWO IWOYE.
Cuando este odu sale en adivinación como Ayeo (osobo) para un individuo, se le dirá que no tiene mujer, o que si la tiene está pensando abandonarlo, pues su esposa no es estable; deberá hacer sacrificio con un gallo, una gallina y una paloma. Si viene Uree (Iré), deberá servir a su cabeza con un gallo y una paloma.
3.Orúnmila aconseja cuidar los pasos al andar
ORUNMILA NI KI IROSUN WO IRIN TOMA IRIN
ARIWO URINRIN NI IKA FI KPOMO EKU, OMO EJA, OMO ERAN, ATI OMO ENIYAN.
Orúnmila le adivinó a Irosun que cuidara sus pasos, porque son la rata, el pescado, el antílope y la chiva quienes no vigilan sus movimientos por la mañana, y eso los convierte en víctimas de la muerte antes de que termine el día.
Orúnmila también le aconsejó a la Akpetebi que cuidara su andar, porque es la persona que olvida tener cuidado en sus pasos matutinos a la que la muerte se lleva antes del final del día. Le recomendó prudencia y sacrificarle a Eshu un chivo, añadiéndole un machete y un palo.
Si este odu aparece en la adivinación, a la persona se le dirá que tenga cuidado en sus movimientos para evitar una muerte súbita, o para no encontrarse de manera sorpresiva con un peligro que la conduzca a la muerte. Además de la prudencia antes de dar cada paso, deberá hacer sacrificio.
4.El sacrificio en su hogar ancestral
Irosun-Iwori nació en Iwoye, pero pasó su vida de trabajo en Ife. Cuando su ejercicio de Ifá empezó a decaer, acudió a su sacerdote de Ifá, llamado Otita mi omu di`rebe rebe, para que le adivinara. Se le indicó regresar a su cimiento hogareño en Iwoye y comprar una chiva para el sacrificio. También se le aconsejó invitar a todos los Awoses disponibles en Iwoye para que le prepararan hojas, incluyendo las que se usan para envolver el Ekó y el Eruru (ebieba en Benin), con el fin de lavar su Ikin y bañarse después con ellas.
Hizo todo tal como le fue indicado, y al volver a Ife su trabajo se hizo más provechoso y prolífico. En lo más alto de su prosperidad invitó a su Awó a una fiesta en su honor, donde cantó:
OTITA MI OMU DA IREBE REBE,
ODAFUN ORUNMILA JE SA LO SO`DE IWOYE
IFA WE MI SA-O-OSE IWOYE
ARE DA RA O OSE IWOYE,
IFA WE MI DA O OSE IWOYE,
AWE DARA O OSE IWOYE.
Cantaba en alabanza de la eficacia del sacrificio que hicieron por él su adivinador y los Awoses de Iwoye.
Cuando este odu aparece en adivinación, a la persona se le dirá que debe tener su propio Ifá; y si ya lo tiene, deberá hacerlo lavar con una chiva y las hojas apropiadas en el lugar donde lo recibió, para que prospere.
5.Aweda y la enfermedad vergonzosa de Iwoye
Aweda fue el Awó que adivinó para la gente de Iwoye cuando padecían una enfermedad llamada ogbogbo en yoruba, que les daba vergüenza revelar. Se les aconsejó hacer sacrificio con mucho jabón negro, muchas semillas de jengibre y rata (eku oloya). Aweda les preparó el jabón para que se bañaran con él en el río, y todos se repusieron de la enfermedad después de tomar aquel baño. Hubo un regocijo general, y comenzaron a bailar y cantar en alabanza de Aweda con las palabras siguientes:
AWEDA AWO IWOYE, DIFAFUN WON L`ODE IWOYE
AWEDA KPELE, AWO IWOFE IFA
IWO NI YI O WE MI DA
AWO IWOYE AWEDA
AWO IWOYE.
Cuando aparece en la adivinación, a la persona se le dirá que hay una mujer embarazada muy cerca de ella. El sacerdote de Ifá preparará hojas para que la mujer se bañe y, cuando nazca la criatura, deberá llamarse Ifa wemida.
6.«Quítate tú para salvarme yo»
Al principio del mundo, cuando los hombres idearon hacer las canoas, ahuecaban los troncos de los árboles con candela y después los echaban en los ríos caudalosos. Se subían en ellas y, cuando llevadas por la corriente comenzaban a hundirse por el exceso de peso, los más fuertes lanzaban al agua a los más débiles para salvarse ellos.
NotaSe prohíbe montar barco o lanchas y cruzar el río o la mar, pues puede ahogarse. Para una mujer: la pueden vaciar por causa de enfermedades en el útero o porque la perforan en un aborto.
7.Kaferefun Agayú
En la época en que no se conocían los vapores y no había medios de cruzar el mar de un lugar a otro, vivía una persona llamada Yayu Orozuz, que tenía entre manos un gran negocio que no podía sacar adelante, porque los pleitos con sus enemigos declarados y ocultos no lo dejaban hacer lo que quería.
Un día, cansado ya de luchar, salió a la calle con malas ideas y en el camino se encontró con Okanankó, que es como un mensajero, como Eshu de los caminos. Después de escuchar lo que le pasaba, Okanankó lo mandó a casa de Orúnmila, quien le hizo Osode, le vio este Ifá y le dijo que tenía que conseguir palmiche para poder vencer; que aunque en el pueblo no lo había, él lo iba a conseguir al otro lado del mar, pero que antes tenía que hacer Ebó.
EbóGallo, 4 palomas (que fueran negras), una escalera, soga, una cuchilla, cazuela. Después de terminado el Ebó, lo mandó a llevarlo todo al mar.
Al llegar a la orilla se encontró con Agayú, que al verlo le dijo: «Ya sé a qué vienes». Le pidió el Ebó, se lo cargó al hombro y lo pasó a la otra orilla del mar. Donde había una palma dejó el Ebó, subió a ella y cogió el palmiche. Agayú volvió a pasarlo por el mar y le indicó que le pusiera cualquier cosa a Yemayá, porque habían pasado por su casa. Así lo hizo, y pudo vencer.
NotaSe coge un ramito de palmiche y se le pone a Shangó unos días y después a Agayú; otros días se riega por el tablero y se pone en la boca para vencer. Ifá NI Kaferefun Agayú.
8.El leñador confiado
Había una vez un leñador en un monte cuyo único medio de transporte era el río: por él bajaba los troncos que cortaba con su fuerza y su trabajo, y por costumbre él mismo viajaba encima de los troncos, aprovechando que flotaban.
Un día le dio por saltar de un tronco a otro mientras bajaban flotando río abajo. Pero en el agua flotaba también el cuerpo de un cocodrilo, que se confundía entre la madera, y el leñador no lo advirtió: en uno de aquellos saltos cayó sobre el lomo del cocodrilo, confiado en que era uno de los troncos que él había cortado. El cocodrilo lo aprovechó para comérselo, y así pereció el leñador, confiado en que la fiera era fruto de su propio trabajo.
NotaPor ello se dice que a la persona que posea este signo se le advierte que dentro de las personas de su confianza hay una que lo va a traicionar, ya que está agazapada en espera de un descuido para eliminarlo.
9.Aquí Oduduwa le dio la posesión del río a Agayú
EbóGallo, maíz tostado. Se le da a Eshu el gallo y lo lleva a la plaza y va regando el maíz haciéndose el borracho.
Agayú poseyó, sin saber de quién se trataba, a la mujer más poderosa de aquellos lugares: Oshanlá, que tenía el don de transmutar su persona, apareciendo unas veces como humilde manceba y otras como una corajuda quimera, implacable en los actos valerosos, altanera para ejercer el mando y despiadada con el enemigo.
Al barquero no le satisfizo aquella aventura, que según él lo humillaba en su condición de varón, pues creía que lo justo era que la iniciativa de hacerle el amor a la mujer hubiera sido suya, como es costumbre. Por eso cambió de táctica con quienes venían a pedirle que los llevara al otro lado del río: a cada uno le preguntaba quién era y de dónde venía, y después de la respuesta le exigía el tributo para pasarlo; sin ese requisito no lo llevaba. Agayú se cruzaba de brazos y se volvía indiferente a todo ruego, y cuando insistían les decía: «Busca a otro hombre y paga; de lo contrario, pierdes el tiempo».
Un día se le presentó un muchacho y le dijo: «Agayú, quiero ver a mi madre, que está al otro lado del río». «¿Cómo te llamas, muchacho?». «No tengo nombre». «Entonces no te puedo complacer». El niño se echó a llorar y replicó: «Hace mucho tiempo que no veo a mi madre; quizás después de esta ocasión no la pueda volver a ver. No tengo nada, soy muy pobre». El barquero se le quedó mirando fijamente: «Mira, muchacho, regresa por el mismo camino por donde viniste, pues yo no puedo virar mis principios y pasarte en la barca gratis». «Entonces llévame en tus hombros; hasta ahora a nadie se lo has dicho: te cobro tanto por llevarte en mis hombros». El barquero lo miró fijamente y le dijo: «Muchacho, tienes buena cabeza; te llevaré cargado».
Agayú se puso al niño sobre los hombros y se introdujo en el río, y tan pronto empezó a caminar notó que el muchacho aumentaba de peso poco a poco, hasta convertirse en una carga insoportable. Haciendo un esfuerzo tremendo, Agayú lo sostenía sobre sus hombros y le preguntó: «¿Qué pasa, que te has vuelto tan pesado?». «No protestes y cumple tu palabra». «Muchacho, es que ya no puedo más». «Entonces, mírame». Agayú volvió la cara hacia el muchacho y, dejándolo caer al agua, exclamó: «¡Oduduwa!».
El niño, flotando en el agua, le dijo: «Por tu esfuerzo te doy la posesión del río», y desapareció.
10.Shangó, rey de Oyo
Shangó fue el rey de Oyo. Tuvo conflictos con sus súbditos, que lo desaprobaron; se marchó voluntariamente y, desesperado, se ahorcó. Sus amigos establecieron el culto de Shangó sobre su tumba y regresaron a la ciudad prohibiendo a todo el mundo decir cómo había muerto.
Shangó había descubierto cómo hacer caer el rayo, pero por desventura una chispa eléctrica alcanzó el palacio y le mató mujeres e hijos. Perturbado, Shangó se ahorcó en un árbol de Ayan, de cuyas maderas se hacen hoy día las piezas del orisha Shangó.
11.La capa del triunfo y la recompensa
EbóGallo directo a Eshu, una capa, un palo de Jagüey, aguardiente, jutía y pescado ahumado, manteca de corojo, mucho dinero.
En este camino había un hombre que atravesaba una situación muy mala y fue a casa de Orúnmila, quien le vio este Ifá y le dijo que tenía que hacer Ebó, y que si lo hacía, aquello constituiría su gran felicidad. El hombre hizo el Ebó y Orúnmila le indicó ponerlo en el monte, anunciándole que se iba a encontrar una capa. El hombre colocó el Ebó en una mata de salvadera, se sentó después al pie de un jagüey y se puso a pensar.
Por esos días el príncipe andaba de cacería: le tiró a un venado, este salió corriendo y él lo persiguió; pero en la carrera la capa se le enganchó sin que se diera cuenta, y siguió galopando en su caballo. Entonces el hombre que estaba sentado al pie del jagüey levantó la vista, vio la capa y la recogió: era la capa del triunfo. Cuando llegó al pueblo se enteró de que daban una gran recompensa a quien entregara la capa del triunfo. La entregó y recibió la gran recompensa, gracias a Orúnmila.
12.Las conquistas de la naturaleza
EbóGallo, 2 gallinas, 2 palomas, hacha, 9 olelé, 9 bollitos de pan, 2 piedras (que estén cerca del patio de la casa o frente a la puerta de la casa), agua de río, muchos palos, tierra de la casa, pluma de loro, un barquito de madera, dos remos, mucho dinero.
Fue Agayú Sola quien venció la primera gran dificultad que el hombre encontró en el camino: el río. Mientras los demás se replegaban vencidos, Agayú Sola permaneció junto a él y decidió dominarlo. Agayú encarnaba a un fuerte labrador entrado en años, pero con la decisión y los bríos de un joven guerrero. Tras meditar unos instantes tomó su filosa hacha y derribó un árbol corpulento, del que cortó una rama e hizo una hoguera cuyas llamas poderosas dieron origen al fuego. Con la madera del árbol construyó una raquítica balsa y sus remos, y la lanzó al río en busca de aventura, dispuesto a conquistar sus aguas impetuosas. Después de grandes esfuerzos lo logró, y tantas veces repitió la travesía que al final la hacía con bastante facilidad. Así, por obra de Agayú Sola, se establecieron las comunicaciones entre ambas riberas del río, y por él se desarrolló el gran comercio que le produjo grandes riquezas.
Un día se le presentó una mujer vestida con grandes sayas, de hermoso rostro y finos modales. La montó en la barca y ella, con un gesto, le señaló al barquero que la llevara a la otra orilla. Agayú, viendo su porte, no mencionó cuáles eran las condiciones de su servicio: la acomodó y comenzó a bogar. Al llegar, la mujer saltó coqueta y ligera y se puso a arreglarse pacientemente sin mirar al barquero. Viendo que no le decía nada, él reclamó el pago de su trabajo. La mujer se despojó de su ropa y se acostó en la hierba, invitándolo a cobrarse con su cuerpo lo que reclamaba. Agayú la poseyó, y después la mujer le dijo: «Has tenido el placer de acostarte con Oshanlá».
El barquero se quedó pasmado, sin saber qué contestar, mientras la mujer se alejaba sin mirar atrás, tomando el camino de Oshagriñan hacia la cumbre que la conducía a su palacio blanco como las capas de nieve, y se entregó a sus quehaceres sin darle importancia al fugaz encuentro. Poco a poco le llegaron las molestias de la maternidad, que culminaron con el nacimiento de un niño llamado Shangó, que significa «corre extraviado»: Shan, corre; Go, extraviado.
NotaDe acuerdo con la traducción yoruba, Shangó padecía de súbitos ataques de locura, durante los cuales corría sin rumbo por los montes, y terminó encarnado en un árbol silencioso y huraño. Más claro no puede aparecer el simbolismo de su propio nombre, que lo identifica también con el zigzag del rayo.
13.La mata de ikin y el campesino
Una vez un campesino sembró una mata de palmera desconocida para él, pues ignoraba a qué familia vegetal pertenecía. La cuidó muy bien y veía a diario cómo prosperaba su misterioso árbol. En muy poco tiempo empezaron a salirle las espinas y, cuando parió sus frutos, el campesino no pudo cogerlos por causa de ellas.
NotaNo ayude a nadie, que no se lo agradecerán.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.