En pocas palabrasQué enseña Iroso Gan
Iroso Gan, también llamado Iroso Obara, pertenece a la Familia de Iroso. Es un Ifá de música, que se recomienda estudiar. En este odu nace el secreto de las 4 columnas de Osun, y de aquí viene que a las palomas se les amarre por las alas y nunca por las patas. Sus refranes son «Rey que pierde su corona» y «Cuando la palma muere, los hijos más jóvenes caen a su alrededor».
Es un signo de advertencias: marca muerte por envenenamiento y tragedias por causa de mujeres o de cosas extraviadas, y señala tragedia donde corre la sangre. Habla de brujería en la cocina, de enfermedad contagiosa, de enredos y chismes en la casa y de hijos que se dispersan por el mundo. Prohíbe usar ropas negras y recomienda no decir nunca adónde se va, respetar las palomas y ocuparse de Shangó y Yalorde.
Entre sus patakíes destacan «Rey que pierde su corona», donde Shangó toma la corona de un rey que descuidaba a su pueblo; «Los hermanos gemelos», sobre Oba Araisha y su gemelo difunto; y «Aquí fue donde la paloma se posó en el tablero», que explica por qué Orúnmila no come paloma.
Preguntas frecuentes sobre Iroso Gan¿Qué nace en Iroso Gan?
En Iroso Gan nace el secreto de las 4 columnas de Osun. También nace aquí la razón por la que a las palomas nunca se les amarran las patas, sino las alas. La ficha lo describe además como un Ifá de música, por lo que se recomienda estudiarla, y entre sus hierbas menciona el chamizo.
¿Qué advierte Iroso Gan?
Marca muerte por envenenamiento, con el Ogú en la cocina, y tragedias por causa de mujeres o de cosas extraviadas, donde corre la sangre. Habla de enfermedad contagiosa, de enredos y chismes en la casa, de un viejo que maldice a quien no le respeta la mujer y de hijos que se dispersan y mueren lejos. Prohíbe usar ropas negras y recomienda no decir adónde se va, no usar zapatos rojos y respetar las palomas.
¿De qué hablan los patakíes de Iroso Gan?
La ficha recoge siete historias. En «Rey que pierde su corona», Shangó llega tocando tambores y toma la corona de un rey que vivía de fiestas mientras su pueblo pasaba hambre. «Los hermanos gemelos» cuenta cómo Oba Araisha prosperó atendiendo al espíritu de su gemelo difunto y murió cuando lo olvidó. Otras narran la paloma que se posó en el tablero de Orúnmila, el pájaro Adaba y su machete de madera, y el Marañón que despreció a Eshu.
Las historias del signo
Patakíes del odu Iroso Gan
1.La adivinación que hizo antes de bajar a la Tierra
Obara Bale Ra Ogun, Ale Oun Eba Ira
Esos fueron los nombres de los dos Awoses que consultaron a Iroso Obara cuando aún estaba en el Cielo, preparándose para descender al mundo. La adivinación le indicó que, ya en la Tierra, debía refrescar su cabeza con dos huevos y dos babosas, atender a Eshu con un chivo y ofrendar una gallina de guinea a su Ángel de la guardia. Cumplió con todo, pues aquellos sacrificios lo protegerían del riesgo de perder la razón y caer en la paranoia durante su vida terrenal.
Aun así, una vez en la Tierra su conducta se volvió desordenada y extravagante. Una noche, su Ángel de la guardia se le presentó y le aconsejó repetir los mismos sacrificios que había hecho en el Cielo. Sin demorarse, volvió a lavarse la cabeza con dos huevos y dos babosas, esta vez mezcladas con ewe irorowo y otras hojas suaves de Ifá. Su mente se despejó, recuperó el juicio y comenzó a comportarse con sensatez, hasta convertirse en un sacerdote de Ifá famoso y próspero en la ciudad de Ega.
La fama de sus aciertos llegó a oídos del Oloja de Ega, quien lo mandó a buscar. Aquel gobernante padecía una enfermedad que ni sus Babalawos ni sus médicos tradicionales lograban vencer. Al registrarlo, Iroso Obara le reveló que él conservaba un vestido heredado de su padre, y que esa prenda había sido dañada por los Ancianos de la Noche: si la entregaba a Eshu junto con un chivo, recobraría la salud. El Oloja obedeció enseguida y sanó. Por su capacidad, Iroso Obara fue nombrado jefe de los adivinos del Oloja de Ega.
2.Adivinó para Alaakpa cuando vivía entre brujas
Alaakpa vivía atormentado: las brujas que lo rodeaban dormían y despertaban junto a él, y le causaban toda clase de problemas. Buscó a Orunmila para que lo consultara, y el oráculo le indicó hacer sacrificio con una rana, una imagen de madera (omolangidi en yoruba), hojas amargas y madera de zazafrán (obo en yoruba y oziya en Benin). Alaakpa cumplió, y se le indicó además repetir cada noche, sobre el ayajo que le fue preparado, el siguiente encantamiento:
Nunca nadie se atreve a tragarse las emisiones del árbol de la electricidad.
Ninguna Bruja puede sobrevivir a un ataque de Obo.
Ninguna Bruja come hojas amargas.
Ninguna Bruja puede matar una imagen de madera.
A los perros se le prohíbe matar ranas.
Desde entonces, una tras otra, todas las brujas se apartaron de su lado, y Alaakpa conoció por fin la paz y la tranquilidad.
Cuando este odu aparece en la adivinación, se le dice a la persona que está rodeada de brujas, y que debe buscar un sacerdote de Ifá que le prepare un resguardo protector semejante (ayajo) para librarse de ellas.
3.Adaba y el machete de madera
Ogbe kpu leyin ori. Eje suuru leyin orun. Adifafun Adaba.
On losi awoju egbe re. Ebo ni ko ru, tori ki a ma she asheju.
«Una persona macheteada por el occipucio derramará sangre por el cuello» era el nombre del Awó que registró al pájaro Adaba cuando la codicia lo dominaba. Se le aconsejó sacrificar con rata, pescado, gallo, akara, ekó y vino de palma para librarse de la desgracia y la vergüenza. Adaba no hizo el sacrificio.
Adaba acostumbraba presentarse a las reuniones de los pájaros con un machete de madera guardado en una funda atada a la cintura. Con la amenaza de desenvainarlo intimidaba a las demás aves, y así lograba siempre quedarse con más vino del que le correspondía. Hartos de su prepotencia, sus compañeros acudieron a la adivinación para saber cómo acabar con aquellas fanfarronadas. Se les indicó dar un chivo a Eshu, y lo hicieron sin demora. Después del sacrificio, el Awó les entregó el iyerosun para que lo echaran en la bebida de Adaba la próxima vez que los amenazara, les dijo que lo dejaran beber en abundancia hasta que se durmiera, y que entonces revisaran su arma.
En la reunión siguiente, los pájaros empezaron a beber sin esperarlo. Cuando Adaba llegó y vio que ya otros bebían, los desafió exigiendo que le entregaran a él solo toda la bebida restante. Pero esta vez nadie se asustó: le respondieron que decía boberías y que hiciera lo que quisiera si no se conformaba con la parte justa que le tocaba. Cuando amenazó con sacar el machete, los demás lo conminaron a sacarlo y usarlo. Adaba quedó pasmado: su secreto estaba descubierto. Ese fue el fin de sus fanfarronadas, quedando en evidencia como un completo deshonesto.
Cuando este odu aparece en la adivinación, se aconseja a la persona hacer sacrificio para no deshonrarse en una reunión a la que debe asistir. Se le dirá que hay alguien a quien le teme, que lo atemoriza cada vez que habla. Si viene Iré, se le aconseja dejar de temerle, pues esa persona no puede hacerle nada. Si viene Osobo, se le aconseja sacrificar para poner fin a las fanfarronerías de ese hombre; deberá hacer sacrificio con gallo y machete, y el sacerdote de Ifá le preparará el machete con las hojas apropiadas para que lo ponga debajo de la almohada. Si quien se consulta es una mujer, se le dirá que suele aterrorizarse cuando habla en las reuniones una mujer de poca estatura; si viene Iré, se le aconseja dejar de temerle a esa mujer pequeña, porque aunque sea bruja nada puede hacer para dañarla.
4.Rey que pierde su corona
Había un rey que tenía a su pueblo sumido en el hambre y la miseria, mientras él solo se ocupaba de vivir entre fiestas y orgías. La relación con su gente se fue poniendo tan tensa que decidió ir a mirarse al pie de Orúnmila, quien le vio este Ifá y le advirtió que se avecinaba una gran guerra que podía perder; para evitarlo debía hacer ebó y ofrecer una comida muy grande en la que participara todo su pueblo.
Por esos días llegó Shangó al pueblo, y Ogún le entregó dos tambores Añá. Shangó se instaló en el parque a tocar, con un pañuelo rojo amarrado al cuello que le caía sobre el rostro y no dejaba que nadie le viera la cara. La gente del pueblo se agolpó a escucharlo. El rey, al ver que nadie acudía a la comida que él debía ofrecer, mandó a sus súbditos a llamar a la gente a toque de trompeta, pero nadie venía. Un súbdito le contó lo que ocurría: aquel hombre tocaba algo que no se entendía y las gentes estaban frenéticas, sin saber si estaba loco.
Shangó tenía la corona a su lado. El rey dijo: «Yo voy a ver eso», y cuando llegó junto a Shangó, este la recogió, se la puso y proclamó que el rey era él. Entonces explicó que la comida que el rey quería dar no era porque el pueblo pasara hambre y miseria, sino porque le venía encima una guerra grande y sabía que la iba a perder.
Ebó del patakíOsaidie meta, eyele okan, Añá, asho pupua, obi itoma, eku, ejá, epo, Lolo asho, bogbo tenuyen, bogbo ileke, akarito meta arado, eko eyele, ewefá.
Distribución: Osadie con sus ingredientes para Shangó y Elegba, el Añá se carga y es como un Osanyin que vivirá con Shangó, comerá con él. Osaidie con sus ingredientes es para Oparaldo. Ejá de donde se hace Sarayeye y se le da a Ogún y eyele para Oshosi su flor de agua obi, ori, efun, eyá awado.
Ceremonia: Se sienta a la persona detrás de ella se le pinta Oyekun meji, Iroso Gan, se le echa eku, ejá, awado, acto seguido cuando se le va dar eyebale se le da una gotica al leri y el Irofá a los Odun, todo de espaldas a la persona y el resto de ko-bori es de la forma habitual, la eyele se pregunta el destino y la rogación se pone 5 días al pie de Oshún y después se bota al río.
5.Los hermanos gemelos
Ife ni Odun mana bashe kupa eure lebo eje logun owo lebo a lara korubo akuisin mabiya kowolobo ninon sinsi abeti ni alara bera shinshe ishe toshi keresini lowo lopera onima.
En la tierra de Efon Alaye reinaba Oba Araisha. Cuando su madre dio a luz, nacieron gemelos, pero los súbditos del palacio escondieron a uno de los niños, lo mataron y lo enterraron en el bosque.
Siendo adolescente, Oba Araisha enfermó y su madre lo llevó al pie de Orúnmila, quien le vio este signo y preguntó dónde estaba el hermano gemelo al que no se le habían hecho funerales. Los súbditos respondieron que ellos harían un sacrificio por él; si la madre cumplía con esto, el cuerpo del muchacho crecería fuerte. Ya adulto, cuando quiso ganarse la vida por sí mismo, Oba Araisha descubrió que era incapaz de terminar nada de lo que empezaba. Volvió a mirarse con Ifá y Orúnmila le dijo: «Usted debe cuidar a alguien que ha muerto y a quien no se le han hecho funerales». Como él no sabía nada de aquello, al llegar a casa preguntó a su madre, y ella le contó lo que sabía.
Fue entonces al bosque y sacrificó dos osaidie a su gemelo, sobre el lugar donde estaba enterrado. Cumplido el sacrificio, comenzó a acumular propiedades. Tiempo después quiso tener mujer, pero todas las que enamoraba lo rechazaban; volvió ante Ifá, que le mandó sacrificar de nuevo a su hermano. Así lo hizo, y empezó a tener esposa e hijos. Más adelante, cuando el pueblo de Efon Alaye buscaba escoger un nuevo Oba, él aspiraba al título sin ser el favorito; se miró otra vez con Ifá, Orúnmila le indicó repetir el sacrificio a su hermano, obedeció y fue coronado Oba de su tierra.
Ya coronado, se enamoró de una mujer muy bella que lo quería, y comenzó a desatender al espíritu de su hermano: lo veía en sueños y no le prestaba atención, pues aquella mujer le había robado el corazón. Al verse olvidado, el gemelo difunto se convirtió en una rata gigante, abrió un hueco desde su tumba hasta el lugar donde se guardaban los alimentos y se los comió todos. Al amanecer, la mujer descubrió el destrozo y empezó a gritar; Oba Araisha le pidió que no gritara, que él le daría dinero para reponer lo perdido, pero ella siguió gritando, y el Oba ordenó cavar un hueco para matar a la rata. Cavaron hasta llegar al lugar donde yacía el hermano gemelo.
El Oba mandó seguir cavando aún más, hasta más allá del bosque: los animales huyeron, donde el sol no brillaba ahora quemaba todo el día y donde jamás había caído agua llovía sin cesar. Oba Araisha enfermó. Al verse así, tomó ratas, peces, una jovencita a la que aún no se le insinuaban los pechos y un niño al que no se le habían desarrollado los testículos, y los sacrificó en honor de su hermano gemelo. Pero el difunto no aceptó nada de eso: quería al rey, que era su hermano. Y Oba Araisha murió.
Ebó del patakíEure okan, adié meji, Osaidie meji, malaguidí obini ati okuni, ekuté, ejá tuto, eku, ejá, awado, oñi, itaná, oti, opolopo owo.
6.Aquí fue donde la paloma se posó en el tablero
Orúnmila vivía con una mujer en una casita situada en una loma. Un día tuvo que salir, se registró y se vio este signo, por lo que advirtió a su mujer que no saliera a la calle mientras él estuviera fuera, para que no se buscara un problema, pues él debía ir a hacer un ebó.
Orúnmila salió a realizar su labor, pero la mujer lo desobedeció. Mientras Orúnmila hacía el ebó, vino una paloma, se posó sobre el tablero y le arrulló. Orúnmila comprendió que su mujer lo había traicionado, y le dijo a la paloma: «To Iban Eshu, mientras el mundo sea mundo no te comeré».
Ebó del patakíTierra, akukó, paloma, trampa, tierra de una loma.
7.Camino del Marañón
El Marañón fue a casa de Orúnmila para mejorar su situación. Al mirarlo, Orúnmila le vio este Ifá y le indicó hacer ebó con akukó, adié, un palo, alambre y demás ingredientes. Pero el Marañón replicó: «Qué va, eso es mucho, este está equivocado», y al salir tropezó con Eshu y le dio una patada. Eshu se lo contó a Orúnmila, y este le respondió: «Déjalo».
Cuando el Marañón menos lo esperaba, se apareció Eshu con una banda de muchachos cargados de piedras, que le cayeron a pedradas a la mata, tumbaron los marañones y se los comieron. Y cuando iban a botar las semillas, Eshu les dijo: «No, eso no se bota, también se come; busquen tres piedras y leña para asarlas y verán lo ricas que son».
Ebó del patakíAkukó, adié, un mazo de leña, 3 piedrecitas.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.