Las historias del signo
Patakíes del odu Ojuani Meji
1.La adivinación para Fefé y Alé, el Viento y el Suelo
El trabajo más importante que Ojuani Meji realizó en el Cielo fue la adivinación que les hizo a dos hermanos, Fefé y Alé —el Viento y el Suelo—, cuando ambos se disponían a venir al Mundo. Les aconsejó hacer sacrificio para ganarse el respeto de todos y cada uno en la Tierra: cada hermano debía ofrecer una hoja de palma, una pluma de cotorra y una oveja a su Ángel Guardián, y dar además un chivo a Eshu.
Alé era calmado, paciente y sabía escuchar, y cumplió los sacrificios sin demora. Fefé, en cambio, era veloz, tunante y estaba tan lleno de arrogancia que no consideró necesario sacrificar nada. Los dos partieron hacia la Tierra al mismo tiempo, pero al llegar al límite entre el Cielo y la Tierra tomaron caminos diferentes.
En la Tierra, a ambos se les había prometido en el Cielo que vivirían para siempre si hacían el sacrificio. Como solo Alé lo cumplió, le fue concedido convertirse en el ancla de salvación de todas las criaturas vivientes de Dios: cada planta y cada animal que viene al mundo tiene que rendirle primero su respeto, tocando el suelo con su cabeza. Fefé, por el contrario, nunca pudo llevar una vida tranquila: su morada fue efímera, condenado a ir y venir entre el Cielo y la Tierra. Por eso el suelo tiene una existencia estable y permanente, mientras que el viento no solo es invisible, sino que carece de residencia conocida: su presencia solo se puede sentir, nunca ver.
2.Ojuani Meji se prepara para venir al Mundo
Viendo que la mayor parte de sus hermanos mayores ya se había marchado, Ojuani Meji decidió que era hora de conocer la Tierra. Pero los que habían bajado antes que él enviaban informes sobre la situación de las cosas allá abajo, y tanto lo asustaron aquellas historias de mala suerte, que resolvió fortalecerse antes de emprender el viaje. Acudió entonces a un sacerdote de Ifá del Cielo llamado Oshukpa Omo Alasho Arankije, quien le hizo adivinación y le mandó sacrificar 3 ratas, 3 pescados, 3 chivos, 3 machos cabríos, 3 gallos y dos perros, de la forma siguiente:
2 machos cabríos a Eshu Obadara.
1 macho cabrío a Eshu Jelu.
1 chivo a Orisha.
1 chivo a Ifá.
1 chivo para Sarah.
1 perro para Ogún.
1 perro para Obalifon.
1 gallo a Uja Atikiriji.
1 gallo a Osanyin.
1 gallo a la Enemistad.
Se le advirtió que durante su estancia en la Tierra pasaría tres pruebas, y que esos sacrificios eran necesarios para sobrevivirlas; que llevaría una vida próspera, pero que la Muerte siempre andaría tras su rastro con un garrote, y que en el gráfico de su vida estaba el riesgo de una enfermedad larga e incapacitante. Al final de las pruebas lo esperaba el aire bienvenido de la prosperidad y la riqueza. Él lo sacrificó todo.
Gracias a lo elaborado del sacrificio ofrecido a Eshu, los buenos efectos empezaron a verse antes incluso de partir. Apenas Eshu se comió su macho cabrío, tomó el cráneo del perro dado a Ogún y lo colocó a la entrada de la casa del Rey de la Muerte. Ogún, que andaba buscando el cráneo del perro que se había comido, siguió el rastro hasta esa casa, cuyo dueño había salido a sus tareas diarias por la Tierra en busca de alimentos. Cuando por fin lo encontró en algún lugar del mundo, lo capturó —pues Ogún es más fuerte y más bravo que la Muerte— y lo acusó de robo y de ingratitud: no conforme con la carne humana que él le procuraba a diario con los accidentes, ahora codiciaba también su comida favorita, el perro.
La Muerte, sabiéndose perdida en un combate contra Ogún, desapareció como acostumbra hacerlo. Ogún, que no tiene la capacidad de desaparecer, corrió de regreso al Cielo para esperarlo en su propia casa, y allí lo atacó con su machete. La Muerte, divinidad alta y gruesa, viendo que el castigo era demasiado para ella, gritó que reunieran a todos los perros del Cielo: sus seguidores recolectaron 201 perros y asaron de inmediato siete para Ogún, que entretanto había destruido muchas vidas y propiedades celestiales.
En medio de aquella estampida, la esposa de la Muerte —la divinidad Enfermedad— resultó lesionada y no pudo seguir a Ojuani Meji hasta la Tierra, como había planificado. Fue durante ese furor en el Cielo que Ojuani Meji se escapó e inició su viaje; y cuando el polvo se asentó y Ogún dejó en paz a la Muerte, Arikú y Ayé —la Larga Vida y la Prosperidad— pudieron acompañarlo al mundo. Así se manifestaron sus sacrificios, distrayendo la atención de los obstáculos que lo hubieran molestado en la Tierra. Por eso los hijos y seguidores de Ojuani Meji están dotados de riqueza, larga vida y prosperidad, siempre que sean capaces de hacer el mismo sacrificio que él hizo antes de partir del Cielo.
3.Ojuani Meji ata las manos de sus enemigos: la conspiración del santuario
Justo antes de abandonar el Cielo, se encontró con otros sacerdotes de Ifá, llamados:
ORONKPON TOLO TOLO
IRI ARIMO NIRIN BIRI BIRI BIRI
OJO KPA AGBALAGBA NINU OKO
ODE LE EERASHO MU BURA
Ellos le aconsejaron sacrificar para no ser víctima de una conspiración cuando estuviera en la Tierra: debía dar otro macho cabrío a Eshu en la víspera misma de su partida. Después ofreció una comida con un chivo de color gris a los Awoses más viejos del Cielo, y todos lo bendijeron prometiéndole apoyo eterno. Finalmente fue ante Dios en busca de bendición y autorización, llevando un pedazo de tela blanca, un gran pedazo de yeso, una pluma de cotorra y dos nueces de kolá blancas; Dios recibió las ofrendas, le transmitió sus buenos deseos y lo autorizó formalmente a bajar.
Se estableció saliendo del pueblo de Oyó, dedicado a su arte de sacerdote de Ifá y también al comercio. Al principio le fue bien en ambas vocaciones, pero su prosperidad despertó pronto la envidia de los sacerdotes más viejos, que comenzaron a confabularse contra él. Hicieron una adivinación colectiva para saber cómo reducir su popularidad y, al final, decidieron ir a consultarse con él mismo sobre qué hacer para destruirlo. Ojuani Meji les marcó sacrificio: un chivo a su Ifá y un macho cabrío a Eshu. Eshu lo alertó de que se preparaba un sacrificio en su contra, y él respondió que ya lo había visto en la adivinación y sabía cómo dar jaque mate a esas maquinaciones. Los conspiradores nunca regresaron a cumplir el sacrificio.
Llegó entonces la festividad anual de una de las deidades del pueblo, y los conspiradores lo invitaron a acompañarlos a la ceremonia. Habían cavado un hoyo camuflado en el camino que llevaba al santuario, esperando que él tomara esa ruta mientras ellos iban por otra, pues era costumbre que los visitantes llegaran y se marcharan por caminos diferentes. Ojuani Meji les advirtió que tenía prohibido visitar cualquier santuario que no fuera el de Orúnmila, pero lo amenazaron con expulsarlo del pueblo si no asistía, por ser una obligación cívica de todos los habitantes de Oyó. Ante la amenaza consultó a su Ifá, que le pidió un chivo gris para él y un macho cabrío para Eshu. Hizo los sacrificios y partió al santuario, donde todos los visitantes debían permanecer catorce días, llegando en grupos y regresando por separado.
El día catorce, terminadas las ceremonias, los conspiradores le dijeron que, por ser un neófito, debía ser el primero en emprender el regreso: así esperaban que cayera en la trampa. Pero cuando se acercaba al lugar del hueco oculto, Eshu transformó el cráneo del macho cabrío del sacrificio en un obstáculo en el suelo: Ojuani Meji tropezó con él, saltó por encima del hoyo sin saberlo y siguió su viaje sin peligro. El pueblo festejó su regreso a salvo. Mientras tanto, Eshu tapó el hueco de los conspiradores y cavó otro justo a la salida de la puerta principal del santuario. Mucho después, los conspiradores fueron saliendo uno a uno, sin motivo para sospechar de un segundo hoyo: el primero tropezó con el cráneo colocado por Eshu y cayó dentro; Eshu volvió a preparar el obstáculo y el hoyo para el siguiente, hasta que todos quedaron sepultados en aquella tumba sin fondo. Cuando cayó el último, Eshu selló el hueco como si allí no hubiera sucedido nada, y los conspiradores desaparecieron sin dejar el menor indicio. Desde ese día, Orúnmila ordenó que quien vaya en busca de salvación a un santuario lo haga con el corazón limpio, porque los perversos pudieran no regresar vivos.
Poco después se armó una barahúnda total en Oyó: muchas familias buscaban a sus esposos, hijos y parientes perdidos, y el pueblo decidió ir en masa por adivinación. Fueron otra vez a ver a Ojuani Meji, quien reveló que el Rey de la Muerte había enviado mensajeros a secuestrar a todos los que regresaran del santuario con malas intenciones. Les recordó que por esa visión les había marcado, antes de partir, un chivo a su Ifá para apaciguar al Rey de la Muerte y un macho cabrío a Eshu para alejar el peligro, sacrificio que nunca cumplieron; y les aconsejó que todavía había que hacerlo, para comprar las vidas de quienes seguían en el santuario, demasiado atemorizados para salir. Los sacrificios se hicieron con rapidez, y solo entonces Eshu despejó el camino para que los festejadores restantes regresaran a salvo a sus casas.
Pasada la ventisca, Ojuani Meji ofreció una gran comida y festejó con un canto en alabanza de los sacerdotes que adivinaron para él en el Cielo:
A los ancianos de Oyó se les dijo que hicieran sacrificio,
pero ellos lo ignoraron.
A mí se me dijo que hiciera un sacrificio similar,
yo escuché e hice el sacrificio.
Yo tropecé y sobreviví,
porque hice el sacrificio.
Otros tropezaron y murieron,
porque no hicieron sacrificio.
Aquellos que hacen sacrificio,
de manera infalible reciben la salvación.
4.La experiencia de Ojuani Meji como comerciante
Su primera prueba como sacerdote de Ifá lo impresionó tanto que pensó abandonar la práctica y dedicarse a una vocación menos contradictoria. Sorprendido por la enemistad que engendraban el éxito y los logros alcanzados mediante el arte de Ifá, decidió limitar sus actividades al comercio con el siguiente poema:
GBI KODO LEGUNMAJA
GBA AGHEN MU BO RI
UMA SHO LUGOBODO
JOGUN FE MAYA
JA AYO JERE TUMODON
Se puso a comerciar con la divinidad del agua, pero como no hizo los preparativos adecuados antes de embarcarse, sus esfuerzos fracasaron de manera desastrosa: perdió todo su dinero y quedó profundamente endeudado. Acudió entonces a la cotorra en busca de ayuda, pero la cotorra le confesó que también ella estaba endeudada hasta el cuello, y le propuso que, como nadie concede ayuda financiera a los deudores, ambos se dedicaran a practicar el arte de Ifá. Decidieron marcharse de Oyó hacia otro pueblo donde no los conocieran.
Ojuani Meji poseía un jabón de buena suerte que a él no lo ayudaba en sus negocios; sin embargo, cuando se lo daba a otros para que lo usaran, resultaba completamente eficaz, y quienes lo utilizaban regresaban a expresarle su gratitud con abundantes regalos. Su asociación con la cotorra dio buenos resultados: juntos pudieron ayudar a muchas personas y prosperar en sus actividades. Por eso se dice que un médico puede curar a otros, pero no a sí mismo.
5.Ojuani Meji prueba sus manos en la siembra
Fue un agricultor próspero: en comparación con su experiencia en el comercio, obtuvo cosechas impresionantes. Un año logró una cosecha de ñames prolífica, y cuando los almacenaba en el granero tuvo una desavenencia con su madre. Al repartir el granero entre sus dos esposas y ella, la madre se quejó de la parte asignada a las esposas: con frecuencia lo acusaba de atenderlas más a ellas que a quien lo había traído al mundo. La división del granero reavivó sus agravios y volvió a quejarse con acritud; en la riña que siguió, él la empujó, y ella rompió a llorar acusándolo de haberla golpeado. Se marchó de la granja llorando durante todo el camino de regreso.
Al llegar al pueblo se encontró con los ancianos, reunidos en la casa de gobierno, quienes le preguntaron por qué lloraba; ella explicó que su hijo la había golpeado en la granja por culpa de sus esposas. Entre aquellos ancianos estaban algunos de los enemigos más encarnizados de Ojuani Meji, que profesaban además el culto de la brujería y llevaban tiempo buscando en vano una culpa con la cual condenarlo en su asociación. La regla era que a ninguna víctima se le castigaba sin un juicio justo y una condena: por mucho que los brujos odien a una persona, no pueden atacarla hasta que haya sido juzgada y hallada culpable. Esta vez, su propia madre les servía el caso con pruebas evidentes. Él ignoraba que, desde hacía mucho, sus dos esposas se habían unido a sus enemigos en la asociación de los brujos para destruirlo, aunque nunca les había dado justificación.
Tras la queja pública de la madre —lo que explica por qué es importante resistir la tentación de ventilar los problemas domésticos en público, no sea que algún oyente malpensado los amplifique en el mundo de los brujos—, el asunto se planteó en la siguiente reunión de la cofradía. Sus dos esposas corroboraron el alegato de la madre, y fue juzgado y condenado en ausencia, pues él no era brujo: la sentencia fue de muerte. Esa noche, sin embargo, su Ifá le mostró en sueños un cuadro esotérico del juicio y la condena. Atemorizado, le preguntó a Ifá a la mañana siguiente si aquello anunciaba un peligro, y le fue confirmado: debía dar de inmediato un macho cabrío a Eshu y abstenerse de ir a la granja en el día de descanso hasta nuevo aviso, para no caer en una conspiración traicionera. Hizo el sacrificio.
Una de las esposas propuso entonces ir a la granja el siguiente día de descanso, porque no había alimentos en la casa: era justo el día en que él pensaba sacrificar. Ojuani Meji respondió que no podía abandonar la casa ese día porque iba a hacer un sacrificio, y la estratagema fracasó. Sus enemigos recurrieron enseguida a otra estrategia: lo invitaron a iniciarse en el culto secreto del bosque (Oro), alegando que, como iba con frecuencia al monte a recolectar hojas para su práctica de Ifá, debía estar consagrado en él. Aceptó, y se le pidió acudir con un gallo, yeso blanco, una pluma de cotorra y pimienta de ocozol, para ser conducido con los ojos vendados al santuario del culto. De inmediato consultó a Ifá, que le mandó dar otro macho cabrío a Eshu, quien haría fracasar el plan maligno. Sacrificó y avisó a los ancianos que estaba listo.
El día señalado, el sacerdote jefe del culto lo condujo en procesión nocturna desde el pueblo hasta el santuario del bosque, en medio de un toque de queda local. Apenas cruzaron los límites del pueblo le ordenaron detenerse y le retiraron la venda. Le dijeron que extendiera las manos hasta tocar el Cielo; replicó que las manos de un niño no podían estirarse hasta el Cielo. Le ordenaron entonces cerrar el puño e introducirlo en la boca de un güiro; replicó que el puño de un adulto no cabía en la boca de un güiro. Le anunciaron que el neófito incapaz de cumplir esas acciones no regresaba con vida, y lo empujaron hacia delante para sacrificarlo al santuario. Pero Eshu intervino colocando un obstáculo invisible en el suelo: Ojuani Meji tropezó con él, se lesionó el pie y desapareció, haciéndose invisible. Milagrosamente, se halló en su hogar.
Mientras se reponía de la herida, los hombres del santuario lo rastrearon hasta su casa, donde encontraron a su madre y le preguntaron por su paradero. Ella dijo que estaba indispuesto. La empujaron y le ordenaron entregar a su hijo, recordándole que había sido ella quien precipitó el castigo al quejarse en la casa de gobierno, y que por su acusación había sido condenado a una ejecución ritual. Ella se arrodilló a rogarles que no lo ejecutaran, porque ya lo había perdonado. Ante su ruego apasionado, le pidieron que su hijo entregara un chivo para ser sacrificado en la casa de gobierno, en una comida para los ancianos del pueblo. Después de la fiesta insistieron en iniciarlo con propiedad en el culto del bosque, pues ya había visto parte de los secretos del santuario; la ceremonia se completó sin incidentes y le entregaron una pluma de cotorra para lucirla de vez en cuando como distintivo de su membresía.
Con el tiempo le revelaron que sus dos esposas habían sido las delincuentes que instigaron el culto de brujos en su contra, aunque el catalizador fue la queja de su madre —la misma que después rogó por su vida—. Los brujos tomaron a una de las esposas en su lugar, y la mujer murió mientras dormía; al cabo de un tiempo, él se deshizo de la segunda.
Cuando este odu sale durante la ceremonia de iniciación de Ifá, a la persona se le aconseja no maltratar nunca a su madre y cuidarse de sus dos primeras esposas, si es casado, o de sus dos primeros matrimonios, porque las mujeres pudieran ser brujas. Igualmente se le debe aconsejar no permitir que se le inicie en ningún culto secreto, a menos que realice el sacrificio requerido.
6.Ojuani Meji toma una nueva esposa
SURU LA FI WA OWO
ENI TA FE KPA EJA LODO, KPELU AWON NI LATI
FI SURU KPELU E.
La búsqueda de dinero honrado requiere paciencia.
La captura de peces con una red también requiere mucha paciencia.
Estos son los nombres de los dos Awoses que hicieron adivinación para la princesa de Adó (Omo Ewi Adó) cuando iba a iniciarse en el comercio. Se le dijo que ella era esposa de Orúnmila, quien por sí mismo la ayudaría a triunfar en los negocios.
En ese intervalo, Ojuani Meji visitó el palacio, se sintió atraído por la princesa y le pidió al Ewi de Adó, su padre, que se la diera en matrimonio. El Obá respondió que no pondría objeción si su hija accedía, y le ofreció además un título de jefatura si lograba hacer prosperar el negocio de la muchacha; Ojuani Meji prometió ayudarla, pero declinó el título. Cuando el Ewi le comunicó a su hija la propuesta, ella confirmó enseguida que estaba interesada y aceptó ser su esposa. Había en el pueblo muchos otros admiradores con los ojos puestos en la princesa, y apenas se supo que el Obá la había entregado a Ojuani Meji, reaccionaron dejando de rendirle homenaje y respeto al Obá.
Al llegar a su casa, Ojuani Meji le preguntó a Ifá qué debía hacer para que la princesa triunfara en su empresa. Orúnmila le aconsejó sacrificar 16 palomas, 16 patos, 16 gallinas de Guinea, 16 sacos de dinero, 16 piezas de tela, 16 porciones de jabón y un macho cabrío para Eshu. Comenzó dándole el macho cabrío a Eshu; recolectó las hojas apropiadas en el monte y utilizó cuatro de cada una de las cosas prescritas para preparar una jabonera, dejando las 12 palomas restantes para criarlas en la casa. El jabón se lo entregó a la princesa para su baño.
Al día siguiente, ella viajó a Ojá Ajigbó Mekon. Antes de que llegara, Eshu había reunido todos los artículos de comercio valiosos en una casilla central del mercado, y después recorrió todo el lugar con una campana en la mano, anunciando que la princesa de Adó tenía bienes bellos y duraderos para la venta. Vendió toda la mercancía con una ganancia superior a la normal, y quienes no alcanzaron a comprarle le rogaron que volviera con más mercancía el próximo día de mercado. Así floreció su negocio, hasta que llegó a ser más rica que su padre. Fue una amante esposa para Ojuani Meji, y entre ambos tuvieron muchos hijos.
7.Ojuani Meji da jaque mate a las maquinaciones de sus enemigos
Ojuani Meji comenzó a preguntarse si existía justificación para tantos problemas como le ocasionaban sus enemigos, y decidió ir por adivinación para saber cómo atarles las manos. Fue a ver a un sacerdote de Ifá llamado Alakpata Abiye Gongonron, quien le aconsejó sacrificar 3 ratas, 3 pescados, un chivo, un macho cabrío, 10 caracoles y carne de vaca. Debía utilizar los huesos de la quijada y la lengua de la vaca, agregándoles las hojas pertinentes, para preparar un ashé con el conjuro de que «el mugido de una vaca no convoca a una conferencia de seres humanos». Este es el ashé con el cual Ojuani Meji neutralizó los malvados planes de sus enemigos, y es uno de los preparados importantes para los hijos de este odu.
8.Ojuani Meji en el umbral de la prosperidad
Entre los Awoses que lo visitaron durante la comida que acompañó al sacrificio con la vaca estaba un poderoso sacerdote llamado Osomusore Abira Fiun. Al terminar la comida fue este Awó quien partió la última nuez de kolá (obitayen), y después de arrojarla al suelo le anunció a Ojuani Meji que iba a caer un fuerte aguacero que le traería riqueza del Cielo, porque su prosperidad aún estaba afuera. Le recomendó otro sacrificio: un cerdo, una paloma, ocho huevos, dos gallinas y un gallo. Una vez más, él sacrificó a la noche, a Ogún y a Eshu.
Un mes después cayó un aguacero muy fuerte. Tras él, el embarazo de su esposa, que llevaba varios meses sin desarrollarse, maduró súbitamente, y ella dio a luz al poco tiempo. La lluvia duró toda la noche, y por la mañana, cuando aún llovía, tres personas vinieron a visitarlo. Los visitantes dijeron tener hambre, y él pidió a su esposa que les preparara ñame machacado. Por la tarde salió a visitar a sus amigos, y antes de que regresara murió uno de los tres visitantes; al día siguiente murió otro, y el tercero al cuarto día. Ojuani Meji enterró a cada uno de ellos.
Aquellos visitantes habían llegado cargados de tesoros, que quedaron en la casa tras sus muertes: uno traía una maleta de cuentas, el segundo un cargamento de ropas y el tercero uno de dinero. Los esperados regalos del Cielo habían arribado, pero Ojuani Meji nada sabía de los bultos. Se supo que los visitantes habían pasado cinco días bajo la lluvia sin que nadie quisiera darles abrigo. Después de sus muertes, Ojuani Meji invitó al Awó que le había adivinado a realizar otra consulta sobre el significado de aquellos sucesos, y este, sin conocimiento previo de los hechos, le dijo que tenía en su casa tres bultos de dinero, cuentas y ropas. Así supo de ellos: organizó la búsqueda y los halló en el cuarto ocupado por los extraños visitantes. Agradecido, le dio al Awó una parte de los regalos en medio del regocijo general. Fue así como la prosperidad llegó a él.
9.Ojuani Meji se hace famoso a través de su hijo
Ojuani Meji sentía particular desagrado por la institución de la jefatura y en varias ocasiones había rechazado con firmeza ofertas de títulos de mando. Como el otorgamiento de títulos era la suprema señal de prosperidad y popularidad de la época, él era socialmente poco conocido, aunque su matrimonio con una princesa lo había situado en el umbral del encumbramiento. Por entonces, un sacerdote ambulante de Ifá llamado Aiya Oshuru Gongon Gagbon hizo una visita de rutina a su casa y, como mandaba la tradición, le hizo adivinación: le anunció que su hijo se convertiría en el Olowu de Owu, y le advirtió evitar volverse temperamental y perseverar, para que la fortuna de su hijo no se frustrara. Le marcó sacrificio de 2 perros, 3 machos cabríos, 3 chivos, 3 cerdos, 8 ratas, 8 pescados y 8 caracoles. Hizo el sacrificio, y finalmente el hijo se convirtió en el Olowu de Owu.
Ojuani Meji viajó entonces a Owu. El Olowu, por su parte, había hecho adivinación sobre qué hacer para prosperar hasta el final de su vida: se le mandó sacrificar a la cabeza de su madre un chivo y un cerdo, para que ella no trastornara su prosperidad. Consiguió el chivo, pero no halló cerdo que comprar. La madre tomó el chivo, pero no sirvió su cabeza con él: compró una gallina para servirse la cabeza y, al día siguiente, llevó furtivamente el chivo al mercado, lo vendió y se guardó el dinero. Cuando después el Olowu consiguió el cerdo y se lo llevó, ella replicó que nadie servía la cabeza a la luz del día, sino por la noche. El Olowu regresó a su palacio esperando que lo hiciera esa noche, pero la madre tampoco sirvió su cabeza con el cerdo: lo sacrificó y lo utilizó para prepararle una comida a su esposo.
Le sirvió aquella comida por la noche, cuando resultaba difícil reconocer la carne de perro. Cuando el esposo —Ojuani Meji— se sentó a comer, la esposa de su hijo le advirtió que no lo hiciera, porque sentía olor a perro en la comida. Recordando la advertencia de no perder la cabeza ante la provocación, él ignoró la acción de su mujer, preguntándose cuáles serían sus intenciones. A la mañana siguiente, ella le pidió que vaciara la vasija donde había hecho sus necesidades durante la noche; se negó, alegando que, aunque lo hacía con placer cuando eran recién casados, no procedía ahora que ambos eran viejos, y la acusó de haberlo provocado la víspera al intentar hacerle comer carne de perro, cosa que habría hecho de no ser por la vigilancia de su nuera. La mujer le replicó llamándolo hijo de perro. Aquello lo disgustó a tal punto que perdió la tranquilidad de espíritu para llevar a cabo lo que había venido a hacer por su hijo.
No obstante, pidió a su hijo que trajera su instrumento de adivinación (Ikín), y como resultado pudo decirle que debía servir la cabeza de su padre con un elefante, un búfalo y un tigre. El Olowu ordenó de inmediato a todos los cazadores de Owu ir al bosque por esos animales, y antes del mediodía regresaron con las crías de los tres. Ojuani Meji extrajo un poco de sangre de la piel de los tres animales jóvenes y los liberó para que volvieran al bosque. Con esa sangre preparó una medicina para que su hijo marcara su cuerpo. Había observado, al llegar a Owu, que su hijo el Olowu no se había postrado para saludarlo como demandaba la tradición; aun así hizo por él lo que tenía que hacer, a pesar de la vergüenza sufrida a causa de la madre y del hijo.
Mientras preparaba el regreso a casa, sacó su instrumento divino de autoridad (ashé) y proclamó que, a partir de ese momento, los ciudadanos puros de Owu siempre prosperarían, pero su prosperidad solo llegaría hasta el atardecer de sus vidas, tras recibir de sus mujeres e hijos la clase de trato que él había recibido en Owu. Se cree que, como resultado de esta maldición, los hijos e hijas ricos y exitosos de Owu pudieran tener dificultad para llegar a una edad avanzada si no realizan el sacrificio especial de Ifá que la revoca. Se cree igualmente que esta maldición explica que el Alake de Abeokuta, que era hijo de la hija del Olowu, se haya convertido desde entonces en más influyente que el propio Olowu de Owu: fue la corona de Olowu la que posteriormente se entregó al Alake de Abeokuta, y por eso se dice que el Olowu no tenía corona.
10.El salvamento de la esposa favorita del Olofen de Ifé
El último trabajo importante de Ojuani Meji fue salvar a la esposa favorita del Rey de Ifé de las malignas maquinaciones de sus compañeras. El Rey tenía muchas esposas, pero una era la dueña de su corazón, lo que provocó la envidia y el odio de las demás, que lograron volverla infecunda por medios diabólicos. Por eso el Rey invitó a Ojuani Meji a su palacio de Ifé, para que ayudara a su esposa favorita, llamada Eninikpola, a tener un hijo.
Apenas llegó, él hizo la adivinación y le aconsejó sacrificar a Ogún un perro y un gallo, y a Eshu un macho cabrío, advirtiéndole que no permitiera a nadie ver los animales antes del sacrificio. Con la excitación, ella olvidó esa condición de secreto: compró los animales y los mantuvo en el patio abierto del harén del palacio. En esos días, el tigre del Rey había desaparecido sin que pudieran hallarlo, y se dictó una proclama para que fuera devuelto vivo. Fue entonces cuando ella sacrificó; como era tradición, las cabezas de los animales quedaron en los santuarios de las divinidades servidas, todo con pleno conocimiento de sus compañeras.
Esa noche, las rivales consiguieron la cabeza de un tigre recién sacrificado y la depositaron en el santuario de Ogún, preparando el terreno para acusar a Eninikpola de haber utilizado el tigre del Rey en un sacrificio ritual. A la mañana siguiente informaron al Rey de que alguien había usado el tigre perdido para sacrificio; el Rey indagó entre todas las mujeres del harén y todas las acusaciones apuntaron a su favorita. La llamó a su presencia, la acusó de matar al tigre, le advirtió que el castigo era la muerte, y ella fue encadenada de inmediato.
Pero Eshu se había transfigurado en un bienhechor que retiró la cabeza del tigre del santuario y la sustituyó por la del perro. Durante el juicio, Eshu influyó sobre uno de los consejeros del Olofin para que propusiera verificar la culpa mostrando la cabeza del tigre antes de condenar a la mujer. El Rey, conforme con lo sensato de la sugerencia, designó a dos personas para ir al santuario de Ogún y traer cualquier cosa que allí vieran: trajeron las cabezas cortadas del perro y del gallo. Ante ellas, Eninikpola confirmó que esas eran las cabezas de los animales con que había sacrificado a Ogún, y explicó que lo había hecho para poder tener un hijo.
Fue desencadenada de inmediato. Se realizó una investigación para descubrir el origen del alegato de la cabeza del tigre, y la mujer que fraguó la conspiración fue ejecutada de modo sumario. Al final de ese mes, Eninikpola quedó embarazada y tuvo después un varón; se regocijó y le dio las gracias a Ojuani Meji por solucionar su problema.
11.La adivinación para las dos esposas de un mismo hombre
Akiriboto tenía dos esposas que tuvieron una disputa. Pocos días después, el hijo de la esposa más joven (la Iyawó) enfermó, y como estaba a punto de morir, ambas fueron por adivinación a casa de Ojuani Meji, quien le pidió a un Awó que estaba de visita que adivinara para ellas. El Awó se llamaba:
ATITIKPA ODIGBA MU UROKO — La soga sostuvo al Iroko.
UROKO ODIGBA MU ATITIKPA — El Iroko sostuvo la soga.
El Awó le pidió a la esposa más vieja (la Iyalé) que narrara la forma en que, camino al mercado, le había contado a una amiga la disputa con su compañera. Ella recordó que, un día de mercado, tras un malentendido con la Iyawó, decidió ir al mercado con una amiga, y después de contarle cómo la joven la había ofendido, la amiga le aconsejó perdonarla, porque aún era demasiado inexperta para comprender la enormidad de sus acciones. El Awó le reveló que, en el momento en que narraba esa historia, las brujas estaban celebrando incidentalmente una reunión sobre un árbol de Iroko a la orilla del camino del mercado; y que fue antes de que ella regresara a casa cuando el hijo de su compañera enfermó, porque las brujas habían intervenido en el asunto.
Les mandó sacrificar a la noche un conejo que debía sacarse del pie del árbol de Iroko del camino al mercado: allí hallarían un pequeño montículo con un conejo en un hoyo a un lado; debían cavar en su busca, matarlo y utilizarlo para el sacrificio. Así lo hicieron, y poco después el niño enfermo se curó.
Cuando este odu le sale en la adivinación a una mujer, se le debe aconsejar que se abstenga de narrar sus disputas domésticas, especialmente con su compañera, en el viaje hacia el mercado. Si le sale un niño enfermo, está claro que la enfermedad fue causada por una disputa de su madre con su compañera: se les debe aconsejar sacrificar un conejo a los viejos de la noche.
12.Donde hay que hacerle algo a Eshu
REZO: OJUANI MEJI ADIFAFUN ORUNMILA, OSHOSI Y ESHU.
Ebó1 pollo, 1 gallo, 2 gallinas, 1 guinea, 1 paloma, 1 jicotea, todo lo que se come, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, velas, coco, mucho dinero.
Un día se reunieron todos los Santos con Orúnmila para preguntarle cómo vivía, y él contestó: «Yo todo lo resuelvo con mi tablero, el ókpele y el irofá». Los Santos se rieron de Orúnmila y dijeron: «Muy pronto vamos a saber si lo que este dice es verdad».
Eshu, que había oído todo, se dirigió en el acto contra una persona que se encontraba en la calle y la enfermó; después le avisó a Orúnmila del caso y le dijo lo que había que hacer para curarla. Orúnmila mandó a buscar a todos los Santos y les dijo: «Ahora van a ver ustedes cómo yo trabajo». Y comenzó a trabajar con el tablero, el ókpele y el irofá, sin que los Santos vieran a Eshu cuando entraba y salía del cuarto.
Al poco rato de estar trabajando, Orúnmila logró que el enfermo, que estaba grave, recuperara la salud. Todos los Santos comieron de lo que Orúnmila había ganado y quedaron convencidos de su palabra. To Iban Eshu.
NOTA: Por este camino hay que hacerle algo a Eshu, para tener seguridad de salir bien; si no, se pierde todo.
13.La guerra de la Guinea y el Leopardo
EbóUn racimo de Ikines (con sus espinas), 1 guinea, piel de leopardo o tigre, tierra de la casa, todo lo que se come, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, vela, coco, mucho dinero.
SÚYERE: EKUN OPOIGUN LEKUO LODAFUN OJUANI.
La Guinea y el Leopardo eran buenos amigos. Un día el Leopardo le dijo: «Yo deseo conocer tu casa», y ella respondió: «Eso no es muy fácil: queda en un lugar un poco intrincado». Pasado algún tiempo volvieron a encontrarse en una fiesta que Osain les daba a todos los habitantes del monte, y el Leopardo aprovechó la ocasión para acompañarla y conocer ese mismo día su residencia.
Después de la visita, la Guinea se quedó pensando: «Este me dijo que iba a necesitarme nuevamente y a darme una sorpresa, pero yo no tengo confianza en él». Y fue a verse con Orúnmila, quien le vio este Ifá y le dijo: «Mándame un racimo de Ikines verdes, con sus espinas, y el paño tachonado que tú usas. Yo te voy a hacer Ebó y después tú cambiarás de domicilio». Orúnmila forró el racimo de Ikines verdes con la ropa de la Guinea y le indicó: «Esto lo pondrás donde acostumbras a dormir, y te irás a acostar a otra parte, sobre el techo de otra casa, pero alerta, para que veas lo que pasa en tu casa».
Durante la noche, el Leopardo se emboscó delante de la puerta de la casa de la Guinea, entró sigilosamente y, al ver aquel bulto, pensó que era ella dormida. Rugiendo se abalanzó, pero las espinas de los Ikines verdes le atravesaron las patas y el pecho; trató de quitárselas y se le clavaron más profundo, haciendo correr su sangre. Desde lo alto del techo, la Guinea cantó:
EKUN IGUN OPO POKUA. LODAFUN OJUANI.
«Gracias a Ojuani, el Leopardo cayó sobre las espinas y lo mataron».
Así, gracias a Orúnmila, la Guinea supo quién era su enemigo y se deshizo de él.
14.La guerra de Oduduwa y Orishanlá (Obatalá)
REZO: ORISHANLA ELUGUA ISALAIYE KALENO EBORA ORISHA OTEMPE ODUDUWA SHARA ILE IGBIN ADIE AGUEMA AGBA ORISHA OKAN ISALAIYE IMALE AYALORUN EGUN MOSHALE ORISHANLA ELUGUA ISALAIYE KALEN IYE BOYE OBATALA JEKUA BABA OBA ENI ALAILE KAFEREFUN OLOFIN KAFEREFUN AGBA ORISHA.
Ebó1 gallina cinqueña, mucha tierra de la casa, cadena, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, vela, coco, mucho dinero.
SÚYERE: GBOGBO ARAILE ADASHE IFA
GBOGBO ARAILE ADASHE BABA.
Al principio del Mundo, todos los Eboras Orishas vivían en Ayalorun, pues en la Tierra solo imperaba el agua. Olofin, deseando crear Isalaiyé, llamó a Orishanlá y, por orden de Orúnmila, le dio una cadena, un caracol lleno de tierra y una gallina cinqueña. Orúnmila lo miró, le vio Ojuani Meji y le hizo Ebó con todo aquello, para que pudiera bajar a Isalaiyé a crear la Tierra.
Los demás Eboras Orishas, envidiosos por no haber sido ellos los elegidos de Olofin para bajar, se confabularon y le hicieron una fiesta a Orishanlá: le dieron aguardiente, y Orishanlá, intoxicado por la bebida, quedó dormido. Eso lo aprovechó Oduduwa, su hermano, para robarle sus atributos. Fue entonces a ver a Oshumare, que era el puente entre Ayalorun e Isalaiyé, y acompañado por Aguema bajó hacia la Tierra. Aguantando la cadena, echó la tierra que llevaba en el caracol, puso encima la gallina cinqueña —que escarbó y la regó— y lanzó a Aguema para comprobar si ya estaba firme. Cuando esta le avisó, bajó a la Tierra y pisó donde no quedó ni huella, hasta hoy día.
Orishanlá, al despertar y ver lo sucedido, no tomó más aguardiente y fue a reclamarle a Oduduwa, su hermano mayor, el señorío de la Tierra, que era suyo por derecho de Olofin. Oduduwa alegó que el dueño era él, porque la había creado. Los dos hermanos empezaron a pelear entre sí, y otros Eboras Orishas bajaron también para ponerse de un lado o del otro. Olofin, al ver aquello, los llamó y sentenció: «La guerra debe cesar. Oduduwa, a pesar de sus mañas, creó la Tierra y será su dueño. Tú, Orishanlá, tendrás el gran poder de ser el creador de la humanidad y el dueño de todas las cabezas y cuerpos de Isalaiyé».
Olofin mandó a la Tierra 5 personajes que simboliza la gallina cinqueña, los necesarios para darle fuerza a la Tierra: Oduduwa, Orishanlá, Orúnmila, Oranife (Shangó) y Eleshije (Osanyin en Ifá). Así se acabó la guerra entre Orishanlá y Oduduwa.
NOTA: El hijo de Ojuani Meji debe recibir a Obatalá Aguema y además a Oduduwa. Este Santo Aguema lleva un Osun especial, que es un camaleón; además, se le pone una corona de bronce, a la cual se le talla una cara y se remata por un pájaro coronado, que es el Cao. En el borde de la corona penden 16 cadenas de bronce; dentro lleva el Osanyin, que se hace de cabeza de Cao, cascarilla, erú, kolá, obi, osun, obi motiwao y polvo de todos los metales.
15.Cuando el mono perdió la libertad
REZO: OJUANI MEJI BABA OGUN NIMONI OKO LABAYOKO ADIFAFUN AKITIKUA ARONI MAMA FOROSILE AWO FOROSILE ADUE AKITIKUN OTUFO ADIE TOLOSAMANO LEBO.
Ebó1 gallo, 1 paloma, un monito, una casita, tierra de la casa, tierra de 4 esquinas, campana, mucho ashé, muchos palos, muchos collares, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, velas, coco, mucho dinero.
En este camino, el mono no tenía casa y siempre la estaba añorando. Fue a casa de Orúnmila para ver si le encontraba solución a su problema. Orúnmila le hizo Osode, le vio este Ifá y le dijo: «Tienes que hacer Ebó, pero ten cuidado: no te arrepientas después de lo que tanto has deseado».
El mono se hizo el Ebó y lo llevó al pie del árbol donde vivía, y allí se le apareció Aroni, quien le dijo: «Mono, tú tendrás lo que tanto has querido». Y el mono llegó a tener una casa amplia y confortable. Pero al cabo del tiempo le entró la inconformidad, y un buen día se dijo a sí mismo: «¿Para qué quiero yo tanta casa, si en los árboles vivía muy bien?». Entonces cogió un palo y desbarató la casa.
Aroni, que lo estaba observando, se acercó y le dijo: «Ashé to, ashé bo, ashé dema: desde ahora en adelante, por haber destruido tu casa, nunca más tendrás una, ni conocerás casa alguna para dormir, a no ser cuando te cojan preso y pierdas la libertad». Desde entonces el mono nunca más tuvo casa: solo una jaula, cuando lo capturan para exhibición.
NOTA: Por este Ifá se pierde la libertad, pues tiene que andar con cuidado para no tener problemas con la justicia.
16.La Vida y la Muerte
REZO: BABA OJUANI MEJI OMOLU MEJI AMABO IGNOBIRI AYANO ILE ILU OBA ILEKE AYA ETU MEJI AKUKO MEJI ODAN MEJI AYA MEJI ELEDE MEJI OKUNI ATI OBINI BI ANA UMBO WA AIYE ADIFAFUN ORUNMILA ESE DE ODUN OJUANI MEJI ALEYO UMBO NAILE GBOGBO ERAN UNLO ILE AMABO OKAN ETU DUNDUN EBO AKAN KAFEREFUN OBA LU AIYE KAFEREFUN ORUNMILA.
Ebó1 guinea negra, muchas ministras, jutía y pescado ahumados, manteca de corojo, ñame, vino seco, canasta, huevo, carne de res, pan, vela, coco, mucho dinero.
SÚYERE: AYANO AYAKO KUO AJERE OMALU GUDA AYAKUO KUO AJERE
En la tierra Llasa había dos Osajuanos que eran jimaguas. Uno se llamaba Amabo y vivía dentro del monte; el otro, Ayano, vivía en el pueblo y andaba siempre envuelto en collares. Ayano tenía una cría de animales pares, hembras y machos: chivos, gallos, guineos, perros, cochinos; y estos animales comenzaron a parir.
Cuando empezó a vivir en casa, Ayano fue a mirarse con Orúnmila, quien lo registró, le vio este Ifá, le marcó Ebó Awán y le dijo que no matara ni uno solo de sus animales. Pero no le hizo caso al Ebó. Una noche llegó una visita a su casa y Ayano, que no tenía qué darle de comer, mató un gallo; así pasó en otras ocasiones con chivos y cochinos. Un día le tocó a la guinea, pero esta, al ver a Ayano, empezó a gritar: «¡Ayano ogolori mi!» («¡Tú no me vas a matar!»). Todos los animales se sobresaltaron y huyeron de la casa de Ayano.
Amabo, en ese tiempo, no dejaba nunca de hacerle sus ceremonias al dueño de donde vivía, que era Oduduwa Aguesi, y le pedía los bienes que le pudiera dar. También él había ido a ver a Orúnmila, le había salido el mismo Ifá con el mismo Ebó, pues una amenaza se cernía sobre ambos. Amabo comenzó a regar maíz y avena por todo el camino; los animales que huyeron de casa de Ayano lo vieron, comenzaron a comer y llegaron poco a poco a casa de Amabo. Este tenía consigo una guinea prieta para hacerse el Ebó Awán que le había ordenado Ojuani Meji. Todos los animales entraron donde vivía Amabo, vieron que la hierba y los granos eran abundantes, y se quedaron con él.
Amabo cogió su Ja y barrió los signos del camino. Ese día, Ayano, buscando sus animales, llegó a casa de Amabo, lo saludó y le preguntó por ellos. «No los he visto —respondió este—; solo tengo una guinea para el Ebó Awán». Los animales se quedaron con Amabo, y Ayano, para poder empezar de nuevo, tuvo que hacerse también el Ebó Awán con una guinea.
NOTA: El Ebó Awán se hace porque, cuando la viruela se presenta, no se pueden inmolar animales y dejar correr su sangre en la tierra. Si se hace así, el furor de la enfermedad no se aplacará y se extenderá sobre la persona o la colectividad.
NOTA: La guinea del Ebó Awán se descuartiza viva y se cubre a Osajuano con esos pedazos, y se va con el Awán para el monte.
17.Habla de Soyí Gaumba: nace el canto de la guinea
En este camino, Ikú tenía como mujer a la Guinea, que era toda negra, sin ningún punto en el cuerpo. Él la trataba cruelmente, y un día ella decidió irse y partió. Por casualidad pasó por delante de la casa de Obatalá, que estaba limpiándola con cascarilla (efún) disuelta en agua. Cuando la vio, joven y hermosa, le preguntó si consentía en pasar a su casa. Ella aceptó, entró y le contó su odisea.
Ya calmada, por consejo de Obatalá fue a verse con Orúnmila, que le hizo Osode, le vio Ojuani Meji y le marcó Ebó con una tinaja, una guinea, una gallina, 16 pelotas de cascarilla y mucho dinero. Le dijo que en la tinaja metiera las 16 pelotas de cascarilla, la gallina viva, dinero y plumas de la guinea; que la llevara a una loma de arena, se la dedicara a Soyí y allí le pidiera. Ella así lo hizo.
Entonces vino Ikú y le preguntó a Obatalá: «¿Dónde está mi mujer?». «Yo no la he visto pasar», respondió. Ikú la llamó al lado de la casa —«¡Shomi, shomi!», el canto de la guinea macho— y nadie respondió. Obatalá abrió la puerta y gritó a viva voz: «¡Pascual, Pascual!» —el canto de la guinea hembra—. La Guinea salió; Ikú la examinó y dijo: «Esta no es mi mujer», y se alejó dejándola allí.
Gracias a la cascarilla (efún), la guinea se salvó de Ikú, la Muerte.
18.Donde la pimienta se hizo picante
La Pimienta y el Millo vivían juntos y hermanados. Un día, en una conversación, uno le confesó al otro que desearía ser una gran cosa en la vida. Ambos eran débiles y sus enemigos los acababan fácilmente; por eso se querían, pero a partir de aquellas palabras el recelo nació entre ellos.
Un día la Pimienta fue a mirarse con Orúnmila, para saber cómo ser más fuerte que el Millo y hacerle la guerra. Le salió en el Osode Ojuani Meji y le marcó Ebó, mandándola a ver a Eshu, que posee tres güiritos con tapas: una negra, una roja y una blanca. «Róbate la roja, que es la más picante al gusto, y pásatela por todo el cuerpo». El Ebó llevaba granos, manteca de corojo y ekó. La Pimienta lo preparó todo y se lo llevó a Eshu; mientras este comía, le robó el güirito rojo, se frotó el cuerpo, e inmediatamente se convirtió en una planta que comenzó a crecer.
Sin decirle nada a nadie, el Millo, por su parte, fue a verse con Orúnmila con igual propósito, y le salió Ojuani Meji, mandándole lo mismo que a la Pimienta. Pero cometió el error de no poner granos en el Ebó, y como Eshu no se entretuvo comiendo, no pudo robarle el güirito y tuvo que decírselo todo. Eshu le dijo: «Lo haré con mis güiritos». Cuando los fue a buscar vio que nada más quedaban dos, y le dio la blanca al Millo, quien frotó su cuerpo y se volvió una planta que comenzó a espigar.
Un hombre se metió en el monte, se encontró con la planta espigada, cogió una provisión de sus granos y se los echó a sus gallinas, que los comieron con gusto. Entonces cogió un poco, lo molió, lo cocinó, lo comió y lo encontró delicioso. Algún tiempo después volvió al monte y se encontró con la mata de pimienta; recogió sus granos, se los echó a sus gallinas, molió un poco y lo mezcló con millo, pero lo encontró picante y dijo: «La pimienta es muy fuerte. El millo no se puede comparar a su fuerza».
19.Nace el desmochar la palma
En la puerta de Olofin crecía una alta palmera sagrada: nadie podía comer de los frutos caídos en la tierra, y menos cogerlos del árbol. Shangó, que era un hombre muy voraz, capaz de comerse una casa llena de comida, y poco respetuoso, llegó junto a la palmera y se comió todos los frutos del suelo; miró para arriba y vio muchos más, pero como los humanos no habían descubierto el secreto de trepar a los árboles, falló en los tres intentos que hizo.
Entonces fue a mirarse con Orúnmila y le salió Ojuani Meji, que le marcó Ebó con un gallo, una gallina, una cuerda, un hacha, un machete y mucho dinero, y llevarlo todo junto a la palmera.
Shangó abrazó el tronco con la cuerda y anudó las dos extremidades a su cuerpo formando un lazo; se puso el hacha y el machete a la cintura y, sirviéndose de la cuerda como estribo, subió hasta lo alto de la palmera, y en el nacimiento de las hojas cogió los frutos y se los comió. Desde entonces, esto lo realizan todos los hombres del Mundo.
20.Donde se usó el Ja de Osajuano: la guerra de la Guinea y la Codorniz
En los tiempos primitivos, Osone y Apawo eran anjonu —brujas fuertes— del bosque. Ambos eran tan poderosos en su brujería que llegó el momento de decidir que uno de los dos sobraba, y empezaron una guerra a muerte, arrastrando a todos sus adeptos y haciendo correr la sangre a raudales en el bosque. Al mismo tiempo, sus hechicerías eran tan grandes que su germen —los huevos— ya nacía con hechicería dentro, y sus crías eran brujas de nacimiento; desde entonces, sus huevos son pura brujería mala.
La mortandad era tan grande que Alakoso, la tiñosa, llevó la noticia a Orun, y allí no había nadie que quisiera bajar a la Tierra a acabar aquella guerra. Entonces Ojuani Meji, que nunca había bajado a la Tierra, pidió permiso, comprometiéndose a terminarla. Olordumare lo autorizó, diciéndole que debía esperar el momento preciso. Ese momento llegó cuando Alakoso avisó que en la tierra Dasa se preparaba el combate final entre los ejércitos de Osone y Apawo. Cuando los ejércitos estaban formados uno frente al otro, con sus respectivos Reyes (Zasu) a la cabeza, Ojuani Meji se lanzó del Cielo con el Ja en la mano, gritando «¡Akuano!» («Rey Coronado»), y cayó en medio de los dos ejércitos.
Estos, sorprendidos, se horrorizaron cuando Akuano, en zafarrancho de combate, retó a duelo a Osone y Apawo. Ambos aceptaron y lo atacaron. De un golpe de Ja abatió a Apawo cuando volvía sobre su cabeza para hechizarlo con su excremento, y de una estocada ensartó a Osone en el Ja, dando por terminada la guerra; los vasallos de Osone y Apawo quedaron como esclavos y servidores de por vida. Con esto terminó la guerra que azotaba a Dasa, y cesaron la epidemia y la mortalidad.
Mawo (Olofin) le hizo una corona con las cabezas de Apawo y Osone, y lo coronó Rey de Dasa, conocido desde entonces con el nombre de Akuano Odasumu Melu (Rey Coronado), juez de Dasa, hijo de Dios.
NOTA: Por eso es que Osone y Apawo son secretos fuertes de la corona de Azojuano (San Lázaro), y sus plumas adornan el Ja en el baile de consagración.
Azojuano (San Lázaro) baja a la Tierra en Ojuani Meji para ponerle fin a la epidemia que estaba acabando con el Mundo, producto de una guerra entre la codorniz y la guinea. Hablan los huevos de la Guinea (Etú u Osone) y los de la codorniz (Apawo o Akuaró). Ojuani Meji es Osajuano en persona en la tierra de Irete Meji y en el Cielo.
21.Donde el chivo tenía muchos clientes
Ebó1 pollo, un pollito chiquito, 21 pimientas de guinea, hojas de plátano, dos objetos redondos que brillen. Todo esto se hace iyé (polvo) y se sopla a los enemigos para que no lo vuelvan a molestar.
En este camino, el chivo tenía muchos clientes, y por ese motivo el tigre se juntó con Ikú para acabar con él. El tigre e Ikú acordaron seguir al chivo día y noche, adondequiera que fuera, y por tal motivo lo tenían muy sofocado y sin paradero fijo.
Después de mucho huir, el chivo se metió en casa de Orúnmila. Este lo miró, se quedó asombrado de lo que pasaba y le dijo que hiciera Ebó, advirtiéndole que los enemigos lo estarían esperando alrededor de la casa y que no podía huir. El chivo hizo el Ebó, y después de esto Eshu se hizo cargo de la guerra y de su salvación: lo metió en una canasta, lo tapó con virutas y lo sacó por delante de los enemigos. Estos querían agarrarlo de cualquier manera y no abandonaban la casa, pero no se dieron cuenta de que iba dentro de la canasta.
Después de que el chivo salió, Orúnmila les dijo a los enemigos que entraran y registraran, para ver si el chivo estaba allí. Entraron y registraron sin encontrarlo. De esa manera les ganó la guerra a sus enemigos.
NOTA: El pollo, a Eshu; después se envuelve todo en las hojas de plátano con las 21 pimientas, se quema, se reduce a polvo y se les sopla a los enemigos para que no lo molesten más.
22.Ojuani Meji y Eshu Lawana
REZO: OJUANI MEJI PAPEKUN IKU ESHU MATISHE IKU EGUN ALAWANA NAROKUN ORUN IBASHE OLORDUMARE OLOFIN NAFUN APA OSI MAYIRE EGUN KAYIBI ORUN ME ERIN YEYE OLERIN EGUN MASAN DELE BARA LODE LOKUN OLORUN LAYE OJUANI LAYE ASHE ORUN EGUN OMO IKU SHAMEN LAYE ORUN KUAYORE OMO ODARA EGUN AMEGO UNDELE EGUN UNIEN OKNE ATOKANA IN OLORUN.
Ebó1 gallo, muñeco, codorniz, velas, aguardiente, 1 jicotea, 1 flauta, todo lo que se come, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, coco, mucho dinero.
SÚYERE: BABA TORUN NILE EGUN
BABA TORUN NILE EGUN
BABA YOKUN TONILE EGUN
BABA TORUN NILE EGUN
NOTA: Ojuani Meji, para mantener su voz, deberá siempre lavarse la boca y hacer gárgaras profundas de caña de limón. Deberá hacer sahumerio en su casa de vez en cuando con hojas de laurel, canela e incienso. Deberá jurarse en Osanyin y montarse Eshu Lawana. Además, deberá darle de comer a su Egun con su Ángel de la Guarda para su fortalecimiento.
Ojuani Meji era un Awó que se llamaba Awó Mayere y vivía en la tierra Narokun Orun, que era la tierra de los Ikú Eshu, regidos por Eshu Alawana, y estos vivían en forma de ratones. Awó Mayere no era de la Tierra, sino del Cielo, y nadie lo comprendía; por eso siempre tenía un enemigo distinto que trataba de eliminarlo.
Un día tuvo una guerra muy grande en la tierra Erin Yeye, donde empezaron a hacerle enviaciones de Egun para que muriera. Se miró, se vio este Ifá y llamó a sus secretos, que eran Eshu Lawana y Obá Yokun —un Egun que había sido Rey Hechicero—, para que lo protegieran. Este le preparó un Inshé con la piel de una guinea, que le permitió vivir y sobrevivir a las enviaciones de sus enemigos.
Awó Mayere era, además, un flautista magistral: poseía el arte de sacar con su boca arreglos melodiosos a la flauta, y con ello dominaba a cuantos lo oían. Con su flauta dirigía a todos los Egun de Eshu, y con ellos llegaba a dominar todas las situaciones; pero a veces ellos lo llevaban a vivir en la soledad más absoluta, pues aquellos Egun eran celosos de que alguien viviera en la tierra de Awó Mayere. Llegó a sentirse tan solo que lloraba de día y de noche.
Un día tuvo un sueño con su Babá Lode Lorun Inlé —su padre—, que le dijo: «Siempre que tú me llames estaré a tu lado, pues yo soy tu padre. Levántate a las 4 de la mañana y, a esa hora, pásale la mano a tu Ifá. Cogerás 2 palomas blancas, se las darás a tu cabeza y las llevarás al río, y ahí las tirarás, para que la enfermedad se vaya alejando». Awó Mayere despertó sobresaltado, se hizo Osode y se vio Ojuani Meji, y se dijo: «Esto es un aviso de Egun». Entonces se dio las 2 palomas, y cuando fue a botarlas al río se encontró con Osanyin, que le dijo: «Te voy a jurar en mi secreto». Cogió una jicotea, la mató y, echándole la sangre sobre él y al omiero que había preparado con hierbas de Ifá, se lo dio a tomar. Esto le curó la garganta, enferma de tanto sufrir y llorar. Después Osanyin le enseñó la caña de limón y le dijo: «Con esto tienes que hacer gárgaras, para que toda la enfermedad se te vaya».
Cuando Awó Mayere regresó a su casa hizo todo lo que le indicaron, y así logró curarse todas las dolencias y vencer a sus enemigos, gracias a Ifá, a Osanyin y a su gran Egun.
NOTA: Ojuani Meji, cuando quiere destruir a sus enemigos, coge 3 huevos de guinea, les saca la clara, les agrega pica-pica, 3 pimientas de comer, 3 pimientas de guinea, semilla de aroma, tinta negra y manteca de corojo; los pone donde está Eshu 3 días y luego los tira: uno en cada esquina, y el tercero al tejado.
Ojuani Meji tiene que colgar un racimo de Ikines en la cabecera de la cama y colgar la piel emplumada de la guinea. Esto es para evitar a Ikú.
23.El Camaleón y el Perro
Al principio del Mundo, el Camaleón solo tenía un color y carecía de collar o pañuelo. Como era muy envidioso, sintió envidia del Perro, porque cada vez que lo miraba le parecía verlo de un color distinto y con un collar diferente. Un día le preguntó: «¿Cómo te las arreglas para tener cada día un color distinto y lucir más bonito que yo?». El Perro no le respondió nada, y el Camaleón, lacerado por la envidia, se pasaba los días preguntándose cómo podría ser aquello posible.
Un día el Camaleón llegó a casa de Orúnmila, para que le hiciera algo con lo cual ser igual o superior al Perro. Orúnmila le hizo Osode, le vio este Ifá y le dijo: «Hijo mío, ten cuidado con la envidia. No le envidies nada a nadie ni le desees mal a nadie, porque el que hace lo malo para otros, sobre sí mismo lo ve». El Camaleón insistió tanto, que Orúnmila le hizo una rogación y después le dijo: «Vaya, que ya usted está como quería».
Cuando el Camaleón llegó al monte, subió a un árbol y enseguida cambió de color. En eso vio al Perro y le dijo: «Mírame, compadre», y saltando de rama en rama cambiaba de color y sacaba de debajo de su cuello un collar o pañuelo. Pero con todo y eso no lograba ganarle en belleza al Perro. Atormentado por la envidia, regresó a casa de Orúnmila con la intención de que le preparase unos polvos para dominar al Perro con la mirada y vencerlo. Orúnmila le contestó: «Lo que usted desea es una cosa mala, y recuerde que el mal que se busca para otros, sobre uno mismo se ve». Pero tanto le rogó el Camaleón, que Orúnmila accedió a complacerlo y le preparó unos polvos. Al entregárselos le advirtió: «Coge esto, ya estás complacido. Ahora regresa a tu casa sin mirar hacia atrás ni para nadie durante el camino, porque mientras no hagas uso de estos polvos no puedes mirar a nadie».
Cuando el Camaleón llegó a su casa tocó la puerta, y su mamá se la abrió. Pero él, olvidándose del consejo de Orúnmila, alzó la vista y la miró fijamente; y la madre cayó muerta al recibir la mirada de su hijo. Desde entonces, cada vez que los muchachos ven a un camaleón le tiran piedras o lo golpean con palos para matarlo: el Camaleón está maldecido porque mató a su progenitora.
NOTA: Por este Ifá hay que tener mucho cuidado con la envidia, pues la persona envidiosa vive amargada. No le envidie nada a nadie, para que viva feliz, tratando de luchar por superarse y obtener lo que desea. Tiene que tener cuidado con la forma de tratar a su madre, pues por causa de las incomprensiones se puede caer en faltas de respeto y desconsideraciones con ella. En un momento malo, el pelear con ella puede afectarle la salud y costarle la vida, pues puede sufrir un infarto o derrame cerebral, y usted vivirá con ese trauma para el resto de la vida.
24.La maldición de Oshún
Era un hombre casado, y un día se echó una amante. Al enterarse la esposa, se fue para la casa de sus padres. El padre, al verla, le preguntó: «Hija mía, ¿qué te ha sucedido, que vienes a visitarnos? Hace mucho tiempo que no te acordabas de nosotros». Ella le contestó: «A mí no me ha sucedido nada; solo vengo por unos días, para no estar sola en mi casa, pues mi marido está de viaje». Y así estuvo viviendo dos años en casa de sus padres.
Al cabo de ese tiempo, el padre se enteró de que el marido de su hija se había convertido en un hombre muy rico, y decidió llevarla de vuelta a la casa del esposo. Enterado el hombre de que su exmujer, en unión de su padre, lo iba a visitar, y sabiendo además que ella no lo quería y solo iba detrás de su dinero, la maldijo, y ella se convirtió en río.
25.El camino Agangara
REZO: AGANGARA AWO OLODUMARE ADIFAFUN OLORDUMARE.
Ebó2 gallinas cinqueñas, corales, 5 plumas de loro, jutía y pescado ahumados, maíz tostado, velas, coco, miel de abejas, mucho dinero.
En este camino, Olodumare estaba enfermo y mandó a buscar a Agangara Awó para que lo curara. Este le hizo Osode, le vio este odu de Ifá y le hizo el Ebó indicado arriba.
Cuando Olodumare recuperó su salud, le dijo a Agangara Awó: «Pídeme lo que desees tener». Agangara Awó le contestó: «Olodumare, a mí me hace falta tener mujer, hijos, dinero…». Y así le pidió de todo a Olodumare.
26.Orúnmila y el capataz de la hacienda
Una vez Orúnmila estaba pobre y necesitaba 400 pesos para salir de sus deudas, y pensó: «Si robo, me llevan preso». Salió al camino muy preocupado y llegó a una hacienda donde muchos trabajadores recolectaban palmiche, y comenzó a vociferar: «Yo subo a una palma y tumbo los racimos de palmiche, salto hacia atrás y hago lo mismo, y en un minuto lleno un carretón de palmiche». En su desesperación por conseguir el dinero no analizó que aquello que gritaba era una cosa mala, pues sencillamente era una mentira.
Lo oyó el capataz de la hacienda, que le dijo: «Señor, vaya a ver al dueño de mi parte, para que lo contrate». El dueño lo contrató, pues Orúnmila le repitió lo que era capaz de hacer, y además le dijo: «Necesito que me adelante un poco de dinero». El hacendado se lo dio, a condición de que empezara a trabajar al día siguiente. Pero al otro día Orúnmila se fue a una fiesta y no trabajó, por lo que el dueño de la finca lo acusó de estafador, y tuvo que comparecer ante el juez.
Cuando el juez lo interrogó, Orúnmila le dijo: «Señor juez, yo me gano la vida hablando, pues soy adivino, y para demostrárselo le digo que su mujer está de parto, pero no podrá dar a luz hasta que no le hagan Ebó». Como eso era verdad, el juez le pidió que le hiciera el Ebó a su mujer. Cuando Orúnmila terminó de hacerlo, ordenó que se lo pasaran a la mujer por su cabeza y que después lo botaran en la basura de la casa. Tan pronto lo hicieron, la mujer del juez dio a luz sin novedad.
El juez le preguntó: «Señor, ¿por qué razón hizo usted eso de lo que lo acusan, si usted, haciendo el bien a la humanidad, puede vivir con bienestar?». Orúnmila le contestó: «Me dejé dominar por la desesperación de buscar el dinero rápidamente, y por eso pasé el bochorno de ser acusado de estafador». El juez le dijo: «Le voy a dar setecientos pesos por haber salvado a mi mujer, para que pague sus deudas y le quede algún dinero».
NOTA: Este camino les está hablando a los Awoses: no pueden robar ni engañar a nadie, para que no pierdan su moral ante los aleyos y ahijados, y se liberen de la vergüenza de ser acusados de estafadores. El Awó, trabajando Ifá, consigue todo lo que necesita para vivir honestamente. También explica que no se puede endeudar ni pedir prestado desesperadamente, para no pasar bochorno.
27.El Mundo de los Espejos
En un tiempo, el Mundo de los Espejos y el Mundo de los hombres se comunicaban, y además no coincidían ni los seres, ni los colores, ni las formas. Una noche, la gente del Mundo de los Espejos invadió la Tierra. Su fuerza era grande, pero al cabo de sangrientas batallas prevalecieron las artes mágicas de Awó Ojuani Meji, que era Awó Filani: derrotó a los invasores, los encarceló en los espejos y les impuso la tarea de repetir, como una especie de sueño, todos los actos de los hombres. Los privó de sus fuerzas y de sus figuras, y los redujo a meros reflejos. Pero recibió la maldición de transformarse y de tener que mirarse en el espejo para poder vivir mejor.
Un día, sin embargo, sacudirán ese letargo mágico. El primero que despierte será un Rey; en el fondo del espejo se percibirá una línea tenue, y su color será un color no conocido. Después irán despertando gradualmente las otras formas, diferenciadas de nosotros. No imitarán: romperán las barreras del azogue, y esta vez no serán vencidos, porque junto a las criaturas de los espejos combatirán las criaturas del agua.
28.Se adivinó para el Gato (Ologbo)
Se le adivinó al gato cuando fue a investigar en la tierra de las hechiceras (brujas). Se le dijo que regresaría sano si sacrificaba un carnero, dos palomas y hojas de Ifá; debía triturar limallas de bronce y plomo con semillas de iwereyeye, y restregárselas en la incisión hecha debajo de las cejas. El gato prestó atención a las advertencias e hizo el sacrificio; se le aplicaron las hojas de Ifá como se indicó, después de haber sacrificado. Y el gato regresó sano a su tierra.
29.Se adivinó para 165 animales
Se adivinó para 165 animales cuando iban de viaje, y se les aconsejó sacrificar tela negra. Ellos se negaron a hacer el sacrificio; el gato fue el único que prestó atención al consejo. En búsqueda de su destino se tropezaron con las brujas, que se comieron a todos los que no habían sacrificado. Al gato lo vieron con la tela negra puesta, y como tenía cuatro ojos iguales a los de ellas, decidieron no matarlo, pues era uno de los suyos. Cuando el gato regresaba a casa, cantaba feliz y contento.
30.La adivinación para Opekete
Oloirekoire y Olormukoorun adivinaron para Opekete cuando ella iba camino del trabajo. Se le aconsejó sacrificar 200 agujas, 200 ratones y 200 pescados. Opekete obedeció e hizo el sacrificio, y fue muy prolífica, como Ifá dijo.
31.La adivinación para las 165 palomas
Oloire-Koire y Olorun-Koorun adivinaron para 165 palomas, y se les aconsejó hacer sacrificio para evitar la pérdida de hijos. Ellas se negaron. Como resultado, los pájaros vinieron, comieron y tiraron; la rata vino, comió y tiró. Ifá dijo: el cliente sufrirá la pérdida de un hijo.
32.Los hijos de Oduduwa Akala
Los hijos de Oduduwa Akala, que vivían a los pies de su padre, bajaron a la Tierra muy violentos, matando a los hombres y a los pájaros, y atacando a todos los que veían. Oduduwa Akala los detuvo y mandó a bajar a San Lázaro con Odua Agnesi a la Tierra, para salvar al género humano. Aquí San Lázaro se llama Dassanumelu, y descendió en la tierra Majino Dassa Zoume.
33.La paloma y su familia
La paloma vivía con su familia y no era comprendida, y decidió irse a vivir a la montaña. Como el camino era muy escabroso, a fuerza de subir y subir se le fortalecieron las patas y le salieron garras, y un robusto y afilado pico: se fue transformando en Águila.
Un día le entró nostalgia por ver a su familia y se puso en camino de regreso a su casa. Cuando llegó, su familia, al verla tan cambiada, se asustó y le cerró la puerta de la casa. A causa de esto lloró, y tuvo que regresar a su inhóspita montaña y volverse plenamente un Águila.
NOTA: Por las incomprensiones familiares, usted abandonó a su familia.
34.Los Santos y la Tierra
Cuando los Santos llegaron a la Tierra, encontraron el planeta cubierto de agua, pero Olodumare les había dado un güiro lleno de arena, una gallina cinqueña y una lagartija. Al verlo todo cubierto de agua, echaron la arena del güiro y la adié la esparció, y se formó lo sólido; la lagartija caminó, y así los Santos pudieron caminar sobre la Tierra.
Contenido educativo de la tradición de Ifá afrocubana, preparado y redactado por Ofún Oshé a partir de los tratados tradicionales del odu. Los rezos, súyeres, refranes y elementos rituales se conservan tal como los transmite la tradición. Iboru, Iboya, Iboshishé.